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Viernes, 03 Abril 2026 12:38

Felicitación de Pascua 2026 del Prior General

P. Desiderio García Martínez, O.Carm. -- 2026
Felicitación de Pascua del Prior General

Queridos hermanos y hermanas de la Familia Carmelita: ¡Cristo ha resucitado!

Celebramos con alegría la resurrección de Cristo, que constituye la clave de bóveda de la fe cristiana. La fe nace del encuentro personal con Cristo resucitado y se transforma en un impulso de valentía y libertad que nos lleva a proclamar al mundo: ¡Jesús ha resucitado y vive para siempre!

1. El midrás del Génesis cuenta: «Un rey construyó una casa. Después invitó a sus amigos para celebrarlo con una espléndida fiesta. Todo parecía ir bien, la velada transcurría a la perfección, la gente era feliz, pero las horas pasaron y se hizo de noche. Entonces cundió el pánico, no podían verse los unos a los otros, ni siquiera podían disfrutar del banquete. El rey dijo: “¿De qué me sirve todo esto si no tengo luz para poder disfrutarlo?”. Entonces dijo Dios: “Haya luz”, y hubo luz. “Y vio Dios que la luz estaba bien”. Y junto a la luz hubo eterna alegría, eterno banquete, eterna fiesta...» (Bereshit Rabah / Gn 1, 3)Cristo es la Luz que ha vencido a las tinieblas. Con la resurrección, el día de Dios entra en la noche de la historia. La resurrección de Cristo, verdad histórica, es más que una simple reanimación biológica del cadáver, es el salto ontológico más decisivo del género humano. La Resurrección es una explosión de amor que rompió la unión desgraciada que había entre nacer y morir, y la transformó en otra secuencia bendita: nacer, morir y vivir. El inmenso amor de Dios nos hace inmortales. Martín Descalzo, escritor español, así lo expresaba: «Soñé, a lo largo de mi vida, un sinfín de cosas. Ahora sé que… solo amando viviré eternamente; que los únicos retazos de mi alma que habrán estado verdaderamente vivos serán aquellos que invertí en amar, servir y ayudar a alguien. ¡Y he tardado cincuenta años en descubrirlo!».

2. El misterio pascual ha inaugurado un tiempo nuevo, un mundo nuevo (cf. 2 Co 5, 17). La resurrección de Cristo ha abierto una nueva etapa en la historia, que concluirá cuando todas las cosas sean recapituladas en Cristo, única Cabeza. Gracias al bautismo hemos sido sepultados en la muerte con Cristo para poder resucitar a una vida nueva. ¿Y para qué resucitar? Recordemos a Teresa de Jesús: “Resucitar para volver a morir en los trajines del amor”. ¡Sólo si estamos resucitados podemos dar la vida! Vivos para servir cada día en el trabajo… Vivos para atender a nuestros hermanos y hermanas enfermos… Vivos para ser sembradores de justicia y paz a nuestro alrededor… Este es el fin de nuestra vidas: Resucitar, para volver a morir, cada día, amando”. El mundo creerá si ve que el Cuerpo de Cristo está resucitado. Y nosotros somos los miembros del Cuerpo de Cristo. Ahora más que nunca necesitamos un ejército de resucitados, inmunes a la muerte, a la tristeza, al desánimo… que sanen corazones desgarrados, consuelen a los afligidos, que siembren esperanzas, que tengan sentido del humor; que lo reconozcan presente en la Eucaristía; que lo anuncien como el único Señor de la Vida…“Bastó sólo una noche para que el Señor sacara a Israel de Egipto; pero hicieron falta cuarenta años para que el Señor sacara a Egipto del corazón de Israel”. ¿Qué hay aún en nuestra vida que tiene que resucitar?

Que María, Madre del Carmelo, nos ayude a comprender este misterio de amor que cambia los corazones y nos haga gustar plenamente la alegría pascual, para poder comunicarla luego, a nuestra vez, a los hombres y mujeres que nos rodean.

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