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Celebrando en Familia - Primer Domingo del Tiempo de Cuaresma
Desde la tentación hasta la transfiguración (Lucas 4:1-13)
¡Nuestro gran itinerario de Cuaresma ha comenzado! Es un camino que comienza con las cenizas y termina con el agua. El fuego es una parte profunda de la experiencia humana. Conocemos su poder para destruir, ennegrecer y reducir a cenizas.
Nosotros sabemos que el mal puede hacer lo mismo: destruye nuestra integridad de espíritu, ennegrece nuestras vidas y reduce la belleza de la vida humana a polvo.
Comenzamos la Cuaresma con la ceniza, reconociendo nuestra propia fragilidad en albergar, crear y hacer el mal en nuestros corazones donde el fuego de la ira, de la amargura, del egoísmo o la estrechez de mente y corazón no han dejado más que cenizas frías.
La ceniza nos recuerda que nuestra verdadera vida no se encuentra en cosas temporales, que ocasionalmente se convierten en polvo, sino que está en las cosas eternas. También, sabemos que de la ceniza puede brotar una nueva vida fuerte y florecida en plenitud. Ese es el milagro de la Pascua.
Como siempre, los Evangelios de los dos primeros domingos de Cuaresmas, nos proporcionan un itinerario cuaresmal desde la tentación (este domingo) hasta la transfiguración (el próximo domingo).
No permitimos ser tentados por la ceniza del egoísmo y de la estrechez de corazón para entrar en una vida de bondad con el corazón abierto. Celebremos la gracia de Dios para con nosotros compartiendo lo que tenemos con los más necesitados, ya sea comida, dinero, tiempo, amor, amistad o compasión. Eso es lo que significa ‘arrepentirse y creed en la Buena Nueva’.
En estos días que somos más conscientes del impacto de la vida humana en creación de Dios, podríamos pensar en algún ayuno permanente por nuestro consumo excesivo de energía, de alimentos y gasolina para permitir que nuestra tierra (Casa Común) sane, respires y continúe siendo fuente de sustento y vida para toda la familia humana.
Es un tiempo de tranquilidad para reflexionar
Celebrando en Familia - Octavo Domingo del Tempo Ordinario
Árbol bueno, fruto bueno
(Lucas 6:39-45)
Vivimos en un mundo de palabras gracias a los medios de comunicación modernos y, en particular, a las redes sociales. Hemos visto la forma extremadamente dañina en que las palabras pueden ser utilizadas para juzgar a otras personas, y el puro vitriolo de algunos en las redes sociales nos hace reflexionar. Nos hace plantear la pregunta, implícita en la primera lectura de hoy (Sir 27,4-7), ‘¿Qué revelan mis palabras sobre quién soy?’
En el Evangelio de hoy leeremos la última parte del Sermón del llano de Lucas. Esta semana, la enseñanza radical de Jesús sigue centrándose en la generosidad en el trato con los demás.
El Evangelio comienza con una parábola sobre un ciego que guía a otro y ambos caen en un hoyo. Los discípulos, al igual que nosotros, están en un viaje de por vida con Jesús, nuestro maestro. En este viaje siempre hay más cosas que descubrir, mayores profundidades que sondear, nuevas percepciones que obtener a medida que crecemos para parecernos más a Jesús; a medida que pasamos de ser ‘ciegos’ a ‘ver’ con los ojos de Jesús.
Poco a poco aprendemos a dejar de lado nuestra inclinación farisaica a juzgar las pequeñas faltas de los demás, sin darnos cuenta de nuestros propios puntos ciegos más grandes y destructivos (la historia de la mota y la viga).
Cuando aprendemos el camino de la misericordia y la generosidad de Dios, nos abstenemos de los tipos de juicios que, de otro modo, limitarían la generosidad, la misericordia y la bondad de Dios que actúan en nosotros. Nuestros corazones se construyen en la bondad.
Como los árboles que se conocen por sus frutos, así los discípulos serán conocidos por sus palabras y acciones, por sus valores y actitudes, por lo que realmente son, por lo que hay en su corazón.
Como los árboles que se conocen por sus frutos, así los discípulos serán conocidos por sus palabras y acciones, por sus valores y actitudes, por lo que realmente son, por lo que hay en su corazón.
Nuestro camino de aprendizaje con Jesús va construyendo poco a poco el corazón de Dios en el nuestro, para que vivamos, hablemos y actuemos, cada vez más, desde ese gran caudal de misericordia y generosidad.
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Celebrando en Familia - Séptimo Domingos del Tiempo Ordinario
Relaciones generosas
(Lucas 6:27-38)
El domingo pasado comenzamos a leer el Sermón del llano de Lucas. Lucas ha utilizado el Sermón de la Montaña de Mateo, pero lo ha cambiado y abreviado considerablemente. Hoy y el próximo domingo leeremos el resto del Sermón.
Esta semana, la enseñanza radical de Jesús se centra en la generosidad desmedida en las relaciones humanas. Las palabras iniciales, ‘Amad a vuestros enemigos’, marcan el tono del resto del texto.
De nuevo, a primera vista las palabras de Jesús parecen absurdas y casi imposibles de seguir. ¿Debemos realmente ofrecer la otra mejilla a quien nos golpea? ¿Debemos realmente dar el resto de nuestra ropa a quien nos roba el abrigo? ¿Debemos realmente no luchar para recuperar nuestra propiedad de quien nos roba? ¿Es esto lo que Jesús nos pide que hagamos?
El objetivo de este tipo de discurso profético de Jesús es estimular a su audiencia (y a nosotros) a reflexionar sobre todo el modelo de comportamiento en las relaciones humanas. En realidad, Jesús no está sugiriendo reglas que deban seguirse literalmente en determinadas circunstancias. Más bien se nos invita a reflexionar sobre cómo podemos responder a las demandas irrazonables y a las heridas personales con nada más que generosidad y abandonando toda pretensión de retribución y restitución.
Lo que Jesús propone son respuestas a los insultos y heridas que rompan los ciclos de represalias violentas y proporcionen vías de paz y reconciliación. Haciendo esto, dice Jesús,
podemos permitir que la total generosidad de Dios brille a través de nosotros. Hacer el bien solo a los que nos hacen el bien no es suficiente para transmitir la generosidad y la acogida de Dios. Nada más actuar con una generosidad y compasión desbordantes permite que la misericordia, la generosidad y la compasión con que Dios sale al encuentro de cada uno de nosotros se vea claramente en acciones concretas.
La regla de oro: Trata a los demás como te gustaría que te trataran a ti.
Cuando actuamos según la generosidad, la misericordia y la compasión de Dios, absteniéndonos de juzgar y condenar y concediendo el perdón, nos encontramos con la abrumadora abundancia de generosidad de Dios hacia nosotros.
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Celebrando en Familia - Sexto Domingo del Tiempo Ordinario
Dichosos y desdichados (Lucas 6:17, 20-26)
Durante los próximos tres domingos escucharemos casi todo el Sermón del Llano de Lucas. Lucas ha utilizado el Sermón de la Montaña de Mateo, pero lo ha cambiado y lo abreviado considerablemente. Es importante darse cuenta de que ambos sermones son algo más que las bienaventuranzas que los inician.
En Lucas, las palabras de Jesús se dirigen a los discípulos, no a la multitud reunida, por lo que podríamos considerar el sermón como una enseñanza sobre el discipulado.
Todo el sermón es bastante confuso y desafiante, especialmente los versículos que conforman la lectura del Evangelio de hoy. El sermón comienza con cuatro bendiciones y cuatro ayes.
A primera vista, es muy extraño llamar bendita, afortunada o feliz a la gente que es pobre, hambrienta, que llora y es odiada. Pero hay que escuchar las palabras de Jesús en el contexto de la enseñanza religiosa y el pensamiento general de su tiempo. Entonces, en general, se pensaba que los que sufrían estas cosas estaban experimentando los efectos de su propia pecaminosidad personal o la de un antepasado. Del mismo modo, los que tenían riquezas, abundancia de alimentos y un estatus elevado se consideraban bendecidos y recompensados por Dios.
En las bienaventuranzas, Jesús invierte esta forma de pensar y dice efectivamente lo contrario: Dios está, de hecho, del lado de los pobres y los que sufren. Ellos experimentan el sufrimiento sin tener culpa alguna (por ejemplo, el pecado), es simplemente la situación en la que se encuentran. Como se desprende de los ayes (‘Ay de ustedes...’), los ricos tienen mucho que perder. Los pobres y los que sufren son afortunados, según Jesús, porque tienen una necesidad que la generosidad desbordante de Dios puede satisfacer.
Se encuentran en situaciones que atraen el impulso salvador de Dios. El Reino de Dios ya está entre ellos.
En igualdad de condiciones, ser rico, estar bien alimentado, ser feliz y gozar de buena reputación es perfectamente deseable. Pero para Jesús no todo es igual. A menudo los pobres son pobres precisamente porque los ricos son ricos. Los impotentes sufren a manos de los que tienen poder e influencia. Los ricos se enriquecen y los pobres se empobrecen es un dicho que perdura hasta nuestros días.
A lo largo de su Evangelio, Lucas hace que Jesús insista repetidamente en la necesidad de que sus seguidores abracen la pobreza y no se hagan ilusiones sobre el peligro de la riqueza. Los que permanecen poseídos por sus bienes y los privilegios que estos conllevan no pueden recibir el don de la salvación, pero incluso ellos pueden unirse a los bienaventurados mediante su atención a los pobres.
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Celebrando en Familia - Quinto Domingo del Tiempo Ordinario
Aquí estoy, envíame (Lucas 5:1-11)
Como una manera de equilibrar el rechazo que experimentó Jesús en el Evangelio de la semana pasada, el episodio de esta semana narra dos historias de personas que acogen su mensaje.
En primer lugar, una muchedumbre entusiasta se ha reunido en la orilla del lago, y acude con entusiasmo a escuchar las enseñanzas de Jesús. Jesús parece correr el riesgo de ser aplastado o, al menos, de ser empujado al mar. Por eso da el paso inusual de enseñar desde la barca de Simón.
En segundo lugar, Lucas nos dice que Simón y sus compañeros están lavando las redes en la orilla mientras Jesús enseña, sin duda escuchando lo que tiene que decir al mismo tiempo.
Cuando Jesús termina su enseñanza, le pide a Simón que eche mar adentro y se prepare para pescar. Simón protesta: si no pescaron nada en toda la noche, el mejor momento para la pesca, ¿qué esperanza había de una buena pesca durante el día? Además, ¿qué iba a saber un artesano como Jesús sobre el arte de la pesca comercial?
Sin embargo, Simón hace lo que Jesús le pide y se pesca una extraordinaria abundancia de peces, suficiente para casi hundir dos barcos.
Abrumado por la enorme pesca, Simón siente tanto la presencia de la Divinidad como su propia indignidad y le ruega a Jesús que lo deje.
Las palabras de Jesús son a la vez una llamada y una misión. A partir de ahora, no serán peces destinados a la muerte, sino personas vivas las que Simón y sus compañeros pescarán e incorporarán a la comunidad de los discípulos.
Sorprendentemente, Simón Pedro, Santiago y Juan abandonan su próspero negocio, dejándolo todo, redes, barcos y empleados, y siguen a Jesús.
Estos nuevos discípulos de Jesús utilizarán la Palabra de Dios para atraer a hombres y mujeres y lograr su transformación a una nueva vida en Cristo. La pesca milagrosa de un número tan grande de peces parece indicar que un gran número de personas encontrarán el camino de la Vida en la predicación de los apóstoles.
Nuestra llamada como discípulos no es solo a la santidad personal, sino también a asociarnos con Cristo para transformar el mundo y sus pueblos con palabras y acciones de justicia, paz, integridad, perdón, misericordia, tolerancia, esperanza y amor.
Primero debemos dejarnos atrapar y enseñar por Jesús. La respuesta que se pide, al parecer, es estar dispuestos a dejarlo todo en nuestra búsqueda de conocer a Jesús. A pesar de nuestra fragilidad, nuestro sentimiento de indignidad y nuestra falta de fe en nosotros mismos, es una llamada a confiar en la elección que Dios hace de nosotros y en la fe que Dios tiene en nosotros.
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Celebrando en Familia - Cuarto Domingo del Tiempo Ordinario
Volver a Casa 2 (Lucas 4:21-30)
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Celebrando En Familia - Tercer Domingo del Tiempo Ordinario
Volver a casa (Lucas 1:1-4, 4:14-21)
Volver a casa puede ser un acontecimiento muy contradictorio. La calidez y la acogida iniciales pueden convertirse, con sorprendente rapidez, en duda, antagonismo y rechazo.
En los Evangelios de este domingo y del próximo, Lucas cuenta la historia de la visita de Jesús a su ciudad natal, Nazaret.
Sin embargo, antes de que comience la historia, la Iglesia ha incluido las primeras líneas del Evangelio de Lucas en la lectura de hoy. En ellas, Lucas explica, a la manera de la literatura clásica, cuál es el propósito de sus escritos: ofrecer un relato auténtico y ordenado del movimiento cristiano, destinado a dar a Teófilo una firme seguridad sobre las cosas que se le han enseñado.
Tras esta introducción, sigue la primera parte del relato de la vuelta a casa de Jesús.
Escucharemos la segunda parte en el Evangelio de la próxima semana.
Tras su tentación en el desierto, Jesús regresa a Galilea, la región en la que había crecido. Se pone a enseñar en las sinagogas y gana muchos admiradores.
Finalmente, Jesús se presenta en su ciudad natal, Nazaret, y asiste a la sinagoga el sábado, como solía hacerlo. Hace la segunda lectura del servicio de la sinagoga: la lectura de los profetas, en este caso del profeta Isaías.
Lo que Jesús lee en voz alta se convierte en una explicación de su misión y ministerio. En el Espíritu del Señor, con el que Jesús ha sido ungido, llevará la buena noticia a los pobres, la libertad a los cautivos, la vista a los ciegos, la libertad a los oprimidos y proclamará un año de gracia del Señor.
La buena noticia esencial que Jesús predica y pone en práctica es la aceptación y la acogida (no el juicio) por parte de Dios de las personas que se encuentran atadas, atrapadas y afligidas.
Aquí Jesús establece el modelo no solo para su propia vida y ministerio, sino también para aquellos que quieran seguirle. También nosotros, ungidos por el Espíritu, estamos llamados a ser la aceptación, la acogida y la libertad de Dios para todos los que están atados, atrapados o afligidos en sus vidas.
En el contexto más amplio del Evangelio de Lucas, este mensaje no debe reducirse a una metáfora. Se trata de dar una ayuda real a todos los que luchan de una manera u otra con las situaciones concretas de su vida.
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Este subsidio litúrgico ha sido elaborado por los Carmelitas de Australia y Timor-Oriental pensando en este momento en el que no podemos estar presentes en la celebración eucarística. Somos conscientes que Cristo no sólo se hace presente en el Santísimo Sacramento, sino que también en las Escrituras y en nuestros corazones. Incluso cuando estamos solos seguimos siendo miembros del Cuerpo de Cristo.
Se recomienda que en el lugar que escojáis para esta oración se coloque una vela encendida, un crucifijo y una Biblia. Estos símbolos ayudan a mantenernos conscientes de lo sagrado que es el tiempo de oración y a sentirnos unidos con las otras comunidades locales que están orando.
La celebración está organizada para que sea presidida por uno de los miembros de la familia y los otros miembros participen en ella. Sin embargo, la parte del presidente de la celebración puede ser compartida por todos los presentes.
Recordad que mientras vosotros oráis en familia los carmelitas os recordaremos a todos vosotros.
Celebrando En Familia - II Domingo del Tiempo Ordinario
El verdadero novio (Juan 2: 1-11)
Las bodas suelen ser ocasiones maravillosas. La familia y los amigos se reúnen para presenciar y celebrar el amor y el compromiso de la pareja. El ritual se corona con cantos, bailes, comidas y bebidas. Así ha sido durante siglos. En la tradición judía, una boda podía durar días, no horas.
Es interesante que, en el Evangelio de Juan, Jesús comience su ministerio en el marco cálido y hogareño de una boda en un pueblo de la misma región en la que Jesús había crecido. María, Jesús y sus discípulos han sido invitados.
El desastre se produce cuando se acaba el vino. No es difícil imaginar la vergüenza y la humillación que esto supone para los novios y sus familias. A partir de ese momento, la boda se recordaría como «aquella en la que se acabó el vino».
María ve lo que ha sucedido y se lo menciona a Jesús, pero este parece reacio a hacer nada al respecto: «todavía no ha llegado mi hora».
En el Evangelio de Juan, la hora de Jesús llegará en la cruz, cuando revele a Dios como realmente es, mediante el sacrificio del amor divino por el mundo.
La respuesta de Jesús no desanima a María. Quizá conozca a su Hijo mejor que él mismo en este momento. «Haced lo que él diga», dice a los sirvientes.
A pesar de que aún no había llegado su hora, Jesús actúa con bondad y compasión, salvando a los novios de una gran vergüenza y asegurando que la celebración de la boda pueda continuar con abundante «vino de calidad».
Al narrar esta historia, Juan se inspira en los temas del Antiguo Testamento que presentan a Dios como el «novio» de Israel. El vínculo de amor entre Dios e Israel debía ser profundo y duradero, como un matrimonio. Estos temas llevaron a la expectativa de que el Mesías prometido restauraría esta relación.
En la tradición judía, el novio era el responsable de proporcionar el vino para la boda. En el relato de Juan es Jesús quien acaba proporcionando una abundancia del mejor vino, revelando a Jesús como el novio divino, venido a tomar de nuevo a Israel como novia.
Al final de este pasaje del Evangelio, Juan nos dice que la acción de Jesús de convertir el agua en vino fue el primero de los signos que dio. En el Evangelio de Juan encontraremos seis signos más. Todos ellos tienen que ver con curar, salvar, restaurar, alimentar y dar vida a los seres humanos. Ninguno es una muestra vacía del poder de Jesús. La «gloria» de Jesús consiste en revelar al Dios del amor, especialmente en los momentos de verdadera necesidad humana. Los signos muestran que el poder del amor que viene de Dios está siempre al servicio de los seres humanos.
También nosotros estamos llamados a permitir que la gloria de Dios brille a través de nosotros con palabras y acciones amorosas, sanadoras y transformadoras.
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Este subsidio litúrgico ha sido elaborado por los Carmelitas de Australia y Timor-Oriental pensando en este momento en el que no podemos estar presentes en la celebración eucarística. Somos conscientes que Cristo no sólo se hace presente en el Santísimo Sacramento, sino que también en las Escrituras y en nuestros corazones. Incluso cuando estamos solos seguimos siendo miembros del Cuerpo de Cristo.
Se recomienda que en el lugar que escojáis para esta oración se coloque una vela encendida, un crucifijo y una Biblia. Estos símbolos ayudan a mantenernos conscientes de lo sagrado que es el tiempo de oración y a sentirnos unidos con las otras comunidades locales que están orando.
La celebración está organizada para que sea presidida por uno de los miembros de la familia y los otros miembros participen en ella. Sin embargo, la parte del presidente de la celebración puede ser compartida por todos los presentes.
Recordad que mientras vosotros oráis en familia los carmelitas os recordaremos a todos vosotros.
Celebrando En Familia - Navidad - La Natividad del Señor
¡Dios con nosotros! (Mateo 1:18-25)
Comenzamos el tiempo de Adviento con la aclamación: ‘Ven, Señor Jesús’ y ahora terminamos con el grito de alegría: ‘¡Dios está con nosotros!’
Con la reflexión sobre el nacimiento histórico de Jesús, la Iglesia proclama la verdad que Dios es y siempre ha estado con su pueblo. Y si Dios está con nosotros, entonces Dios es para nosotros. Dios está a nuestro lado.
Dios no desea vivir en casas hechas de madera, piedras u oro. El deseo más grande de Dios es vivir en la realidad humana. Así como Dios se encarnó en la persona de Jesucristo hace mucho tiempo, ahora, Dios lo continúa haciendo en nosotros.
Como María, aceptamos la invitación de Dios, permitiendo que Jesús se encarne también en nosotros, testimoniando por medio de las palabras y las acciones, con obras de bondad y amor que den vida, en vez de muerte al pueblo de Dios.
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Este subsidio litúrgico ha sido elaborado por los Carmelitas de Australia y Timor-Oriental pensando en este momento en el que no podemos estar presentes en la celebración eucarística. Somos conscientes que Cristo no sólo se hace presente en el Santísimo Sacramento, sino que también está en nuestros corazones. Incluso cuando estamos solos seguimos siendo miembros del Cuerpo de Cristo.
El lugar que escojáis para esta oración, se recomienda tener una vela encendida, un crucifijo y una Biblia. Durante el Adviento es apropiado tener una Corona de Adviento. Estos símbolos ayudan a mantenernos conscientes de lo sagrado que es el tiempo de oración y a sentirnos unidos con las otras comunidades locales que están orando.
La celebración está organizada para que sea presidida por uno de los miembros de la familia y los otros miembros participen en ella. Sin embargo, la parte del presidente de la celebración puede ser compartida por todos los presentes.
Recordad que mientras vosotros oráis en familia los carmelitas os recordaremos a todos vosotros.
Celebrando En Familia - Cuarto Domingo de Adviento
La promesa prometida (Lucas 1:39-44)
La gran fiesta de la Navidad está a punto de llegar. Como siempre en Adviento, lo prometido en la primera lectura se cumple en la lectura del Evangelio. Hemos iniciado el Adviento con el grito: ‘Ven, Señor Jesús’. Y lo terminaremos con el grito de alegría: ‘¡Dios está con nosotros!’
Las palabras del profeta Miqueas en la primera lectura de hoy son hermosas, se espera el nacimiento de un líder para Israel que, como rey pastor, reúne al pueblo y lo alimenta con el poder del Señor y la majestad de Dios. Su poderoso reinado traerá un tiempo de seguridad y él mismo será la paz.
Lo que Miqueas espera con palabras se convierte en carne y hueso en la persona de Jesús.
El conmovedor relato de Lucas sobre el encuentro de las dos primas embarazadas, María e Isabel, está lleno de alegría, calidez y amor.
No es difícil imaginar los saludos alegres y abrazos ante la sorpresa visita de María. María saluda a Isabel con el saludo habitual, Shalom (¡Paz!), que es exactamente lo que trae consigo - Aquel del que habla Miqueas en la primera lectura, el Mesías.
En su primer acto de testimonio de la presencia del Mesías, Juan salta en el vientre de su madre, que libera en ella el poder de la profecía. Llena del Espíritu Santo, Isabel proclama a María como bendita, se pregunta por qué ella misma es digna de dar hospitalidad a la madre del Señor, y bendice la fe de María en que las que se cumplen las promesas del Señor.
¿Nos atrevemos a imaginar que también nosotros llevamos dentro la paz de Dios? ¿Podemos acoger
la presencia de Dios en nosotros y en los demás? ¿Podemos encontrar la manera de alimentar nuestra conciencia de esa presencia, dejar que se fortalezca y profundice hasta que toda nuestra vida esté llena de Dios, inmersa en Dios y se desborde en cada una de nuestras palabras, pensamientos y acciones?
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Tiempo de Adviento
La palabra “adviento” significa aparecer, llegar, venir. El Adviento es el tiempo de preparación de la Iglesia para celebrar el don de Dios, su Hijo. Nuestra liturgia recogerá los grandes temas del Adviento: la esperanza, la expectación y la preparación. Durante el Adviento recordamos la venida de Cristo a Belén y esperamos su segunda venida al final de los tiempos.
El Adviento es un tiempo de gozosa expectativa.
El Adviento se divide en dos momentos. Los dos primeros domingos se centran en la preparación de la venida de Jesús al final de los tiempos. Los dos últimos domingos se centran en la preparación para celebrar el aniversario del nacimiento de Jesús.
Los Evangelios de los cuatros domingos de Adviento tienen cuatro grandes movimientos 1. ¡Estad Vigilantes! 2. ¡Prepararte! 3. ¡Regocijarte! 4. ¡Recibid!
El Adviento es un camino desde el
¡Maranatha!: ¡ven, Señor Jesús!
al
Enmanuel, ¡Dios con nosotros!
...
Este subsidio litúrgico ha sido elaborado por los Carmelitas de Australia y Timor-Oriental pensando en este momento en el que no podemos estar presentes en la celebración eucarística. Somos conscientes que Cristo no sólo se hace presente en el Santísimo Sacramento, sino que también en las Escrituras y en nuestros corazones. Incluso cuando estamos solos seguimos siendo miembros del Cuerpo de Cristo.
Se recomienda que en el lugar que escojáis para esta oración se coloque una vela encendida, un crucifijo y una Biblia. Durante el Adviento es apropiado tener la corona de Adviento en el lugar donde se reza. Estos símbolos ayudan a mantenernos conscientes de lo sagrado que es el tiempo de oración y a sentirnos unidos con las otras comunidades locales que están orando.
La celebración está organizada para que sea presidida por uno de los miembros de la familia y los otros miembros participen en ella. Sin embargo, la parte del presidente de la celebración puede ser compartida por todos los presentes.
Recordad que mientras vosotros oráis en familia los carmelitas os recordaremos a todos vosotros.




















