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Displaying items by tag: Celebrating At Home

Jueves, 09 Diciembre 2021 11:02

Celebrando En Familia - Tercer Domingo de Adviento

¿Qué debemos hacer? (Lucas 3:10-18)

En el Evangelio de hoy seguimos centrándonos en Juan el Bautista. La semana pasada oímos hablar del ministerio de Juan, su predicación al arrepentimiento y el bautismo para el perdón de los pecados.

La idea del arrepentimiento consiste en darse la vuelta y mirar en una nueva irección. La llamada de Juan a la gente era para que se apartara de los viejos hábitos de vida y se convirtiera a Dios.

El Evangelio se abre con la gente, con los recaudadores de impuestos y algunos soldados, habiendo escuchado la llamada a cambiar de vida, todos pregunta a Juan ‘¿Qué debemos hacer?’

Normalmente, estos tres grupos desconfían los unos de los otros. Los soldados romanos, que ocupaban el país, los lugareños que cobraban los impuestos en nombre de los romanos, y la multitud, a menudo víctima de ambos. Sin embargo, la predicación de Juan los ha reunido a todos en una especia de comunidad.

Fíjense en lo prácticos que los son los consejos de Juan. Y, al mismo tiempo, es una llamada a vivir según los valores de la compasión (a la multitud), de la justicia (a los recaudadores de impuestos) y el fomento de la paz (a los soldados).

Los valores y comportamientos opuestos a estos obstaculizan la relación con Dios, deshumanizan a los demás y arruinan la vida en comunidad.

El resultado de la conversión es una nueva forma de vida. En el Evangelio, Juan explica cómo podría ser ese nuevo modo de vida para estos grupos de personas.

Las enseñanzas y los consejos de Juan crean un sentimiento de expectación entre la multitud. Se preguntan: ‘¿Es este?’

Habría sido fácil para Juan dejarse llevar por su popularidad, pero demuestra ser un verdadero servidor de la Palabra (como los profetas) y dirige la atención de la gente lejos de sí mismo y hacia Aquel que ha de venir.

Los sentimientos de expectación y regocijo dominan las oraciones y lecturas de esta parte del Adviento, a medida que nos acercamos a la celebración de la fiesta de Navidad. Nuestra celebración del nacimiento histórico de Jesús es el lente a través de la cual contemplamos de nuevo la presencia permanente de Jesús en nuestras vidas. Acompañados por los bellos pensamientos de la primera lectura, podemos confiar en el amor de Dios, que (como dice la lectura) nos renueva.

¿Cómo respondemos a esta nueva conciencia del amor permanente de Dios? Nos hacemos la misma pregunta que el pueblo le hizo a Juan ‘¿Qué debo hacer?’ Nuestra respuesta a esa pregunta nos lleva a reformar nuestras actitudes y comportamientos hacia los demás. Ser bautizado con el Espíritu Santo y con fuego es ser bautizado ‘desde dentro’, tener corazones y mentes rehechos a imagen y semejanza de Cristo.

Aprendiendo el camino de Cristo es como nos convertimos en el trigo en el Reino de Dios, no en la paja en el fuego.

Tiempo de Adviento

La palabra “adviento” significa aparecer, llegar, venir. El Adviento es el tiempo de preparación de la Iglesia para celebrar el don de Dios, su Hijo. Nuestra liturgia recogerá los grandes temas del Adviento: la esperanza, la expectación y la preparación. Durante el Adviento recordamos la venida de Cristo a Belén y esperamos su segunda venida al final de los tiempos.
El Adviento es un tiempo de gozosa expectativa.

El Adviento se divide en dos momentos. Los dos primeros domingos se centran en la preparación de la venida de Jesús al final de los tiempos. Los dos últimos domingos se centran en la preparación para celebrar el aniversario del nacimiento de Jesús.

Los Evangelios de los cuatros domingos de Adviento tienen cuatro grandes movimientos 1. ¡Estad Vigilantes! 2. ¡Prepararte! 3. ¡Regocijarte! 4. ¡Recibid!

El Adviento es un camino desde el
¡Maranatha!: ¡ven, Señor Jesús!
al
Enmanuel, ¡Dios con nosotros!

...

Este subsidio litúrgico ha sido elaborado por los Carmelitas de Australia y Timor-Oriental pensando en este momento en el que no podemos estar presentes en la celebración eucarística. Somos conscientes que Cristo no sólo se hace presente en el Santísimo Sacramento, sino que también en las Escrituras y en nuestros corazones. Incluso cuando estamos solos seguimos siendo miembros del Cuerpo de Cristo.

Se recomienda que en el lugar que escojáis para esta oración se coloque una vela encendida, un crucifijo y una Biblia. Durante el Adviento es apropiado tener la corona de Adviento en el lugar donde se reza. Estos símbolos ayudan a mantenernos conscientes de lo sagrado que es el tiempo de oración y a sentirnos unidos con las otras comunidades locales que están orando.

La celebración está organizada para que sea presidida por uno de los miembros de la familia y los otros miembros participen en ella. Sin embargo, la parte del presidente de la celebración puede ser compartida por todos los presentes.

Recordad que mientras vosotros oráis en familia los carmelitas os recordaremos a todos vosotros.

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Miércoles, 01 Diciembre 2021 08:42

Celebrando En Familia - Segundo Domingo de Adviento

¡Preparad el camino del Señor! (Lucas 3,1-6)

El sentido de la preparación es muy fuerte en nuestras lecturas de este fin de semana. El Evangelio destaca el papel de Juan el Bautista como el que prepara el camino a Jesús. El ministerio de predicación y bautismo de Juan asentaron las bases del ministerio de Jesús.

La idea del arrepentimiento tiene menos que ver con el sentimiento de pena por los pecados individuales y más con el hecho de darse la vuelta y mirar en una nueva dirección. La llamada de Juan a la gente era para que se apartara del viejo estilo de vida y se volviera hacia Dios.

La primera lectura del profeta Baruc es una llamada hacer lo mismo. Habla de quitarse el vestido de la tristeza y la angustia y ponerse la belleza y la gloria de Dios. Es una llamada para que el pueblo se convierta en el pueblo de Dios. Dios rebajará las montañas y allanará el camino para que el pueblo de Dios pueda caminar con seguridad, guiado por la luz de Dios y escoltado por la misericordia y la integridad.

En el Evangelio, Lucas hace referencia a un texto similar que se encuentra en los escritos del profeta Isaías. Enderezar caminos para el Señor que puede entenderse como el cambio radical de comportamiento para alejarse del pecado y acercarse a Dios.

La acción amorosa de Dios rellena suavemente los valles y rebaja las montañas y endereza y allana los caminos para que podamos abrirnos plenamente a la presencia viva y transformadora de Jesús, de qué toda la humanidad en nosotros y a través de
nosotros.

Nuestras lecturas de Adviento nos ayudan a comprender el profundo amor de Dios por nosotros y su presencia en nuestro interior a través del Espíritu Santo. Saber que Dios nos tratará siempre con amor y ternura nos ayuda a volvernos de nuevo hacia él y a confiar en la profundidad de su misericordia.

Nuestro viaje de Adviento nos muestra cómo preparar nuestros corazones para un nuevo descubrimiento de la presencia de Dios en nuestras vidas, cómo reconocer la presencia oculta de Jesús entre y alrededor de nosotros, cómo volvernos y mirar hacia Dios con fe, esperanza y amor, y cómo ser la presencia viva de Jesús en nuestro momento histórico.

Tiempo de Adviento

La palabra “adviento” significa aparecer, llegar, venir. El Adviento es el tiempo de preparación de la Iglesia para celebrar el don de Dios, su Hijo. Nuestra liturgia recogerá los grandes temas del Adviento: la esperanza, la expectación y la preparación. Durante el Adviento recordamos la venida de Cristo a Belén y esperamos su segunda venida al final de los tiempos.
El Adviento es un tiempo de gozosa expectativa.

El Adviento se divide en dos momentos. Los dos primeros domingos se centran en la preparación de la venida de Jesús al final de los tiempos. Los dos últimos domingos se centran en la preparación para celebrar el aniversario del nacimiento de Jesús.

Los Evangelios de los cuatros domingos de Adviento tienen cuatro grandes movimientos 1. ¡Estad Vigilantes! 2. ¡Prepararte! 3. ¡Regocijarte! 4. ¡Recibid!

El Adviento es un camino desde el
¡Maranatha!: ¡ven, Señor Jesús!
al
Enmanuel, ¡Dios con nosotros!

...

Este subsidio litúrgico ha sido elaborado por los Carmelitas de Australia y Timor-Oriental pensando en este momento en el que no podemos estar presentes en la celebración eucarística. Somos conscientes que Cristo no sólo se hace presente en el Santísimo Sacramento, sino que también en las Escrituras y en nuestros corazones. Incluso cuando estamos solos seguimos siendo miembros del Cuerpo de Cristo.

Se recomienda que en el lugar que escojáis para esta oración se coloque una vela encendida, un crucifijo y una Biblia. Durante el Adviento es apropiado tener la corona de Adviento en el lugar donde se reza. Estos símbolos ayudan a mantenernos conscientes de lo sagrado que es el tiempo de oración y a sentirnos unidos con las otras comunidades locales que están orando.

La celebración está organizada para que sea presidida por uno de los miembros de la familia y los otros miembros participen en ella. Sin embargo, la parte del presidente de la celebración puede ser compartida por todos los presentes.

Recordad que mientras vosotros oráis en familia los carmelitas os recordaremos a todos vosotros.

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Viernes, 26 Noviembre 2021 07:50

Celebrando En Familia - Primer Domingo de Adviento

¡Alzad la cabeza! Se acerca vuestra liberación

Comienza el gran viaje del Adviento. Las lecturas del Adviento son un rico tapiz de imágenes centradas en la verdad de que Dios ha venido entre nosotros. No pretendemos esperar que Jesús nazca en un establo. Eso ocurrió una vez, hace mucho tiempo, y no volverá a ocurrir. Recordamos ese nacimiento como recordamos nuestros propios cumpleaños.

El Dios que vino entre nosotros sigue estando entre nosotros. La invitación del Adviento es a tomar conciencia de la presencia omnipresente de Jesús resucitado como Emmanuel, Dios entre nosotros.

En la primera lectura de este domingo, Jeremías espera la llegada de alguien que salvará al pueblo de Dios, alguien que actuará con honestidad e integridad. En la segunda lectura, San Pablo anima a los habitantes de Tesalónica a seguir a Cristo. Ruega que su amor crezca y que sus corazones sean ‘confirmados en la santidad’. Los primeros cristianos creían que Jesús volvería muy pronto como el Señor de la Gloria.

Con el paso del tiempo, tuvieron que replantearse esta creencia y averiguar cómo vivir mientras tanto, el tiempo que transcurre entre la primera y la última venida de Cristo. Ese es también nuestro reto.

El Evangelio de hoy de San Lucas advierte a los cristianos que no se distraigan con las preocupaciones y las trampas del mundo, sino que estén preparados para presentarse con confianza ante el Hijo del Hombre cuando venga. Permaneciendo constantes en el amor y atentos a nuestra vocación, nos convertimos en la presencia viva de Jesús hasta que vuelva.

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Este subsidio litúrgico ha sido elaborado por los Carmelitas de Australia y Timor-Oriental pensando en este momento en el que no podemos estar presentes en la celebración eucarística. Somos conscientes que Cristo no sólo se hace presente en el Santísimo Sacramento, sino que también en las Escrituras y en nuestros corazones. Incluso cuando estamos solos seguimos siendo miembros del Cuerpo de Cristo.

Se recomienda que en el lugar que escojáis para esta oración se coloque una vela encendida, un crucifijo y una Biblia. Durante el Adviento es apropiado tener la corona de Adviento en el lugar donde se reza. Estos símbolos ayudan a mantenernos conscientes de lo sagrado que es el tiempo de oración y a sentirnos unidos con las otras comunidades locales que están orando.

La celebración está organizada para que sea presidida por uno de los miembros de la familia y los otros miembros participen en ella.

Sin embargo, la parte del presidente de la celebración puede ser compartida por todos los presentes.

Recordad que mientras vosotros oráis en familia los carmelitas os recordaremos a todos vosotros.

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Jueves, 18 Noviembre 2021 13:24

Celebrando En Familia - Solemnidad de Cristo Rey

Un Rey Pastor

En este último domingo del año litúrgico, celebramos la solemnidad de Cristo Rey.

La primera lectura del profeta Daniel habla de la llegada de uno que gobernará en nombre de Dios en un reino eterno. La segunda lectura del libro del Apocalipsis habla de Cristo como «testigo fiel» de Dios y «soberano de los reyes de la tierra». He aquí un rey que ama a su pueblo y derrama su propia sangre para salvarlo.

El Evangelio es un fragmento de la Pasión de Jesús del Evangelio de San Juan. Es el diálogo de Jesús con Pilato sobre su realeza y la naturaleza de su reino.

Jesús es todo menos un rey tradicional. Este Rey reina, no desde un trono de oro, sino desde una cruz de madera tosca; desnudo, sin ricas túnicas; sin corona enjoyada, solo con espinas; sin orbe ni cetro, solo con clavos en las manos.

Llega a su pueblo, no como un tirano que blande armas de sufrimiento y muerte, sino como un niño impotente.

Jesús dice que su reino «no es de este mundo». No es un reino con fronteras geográficas y nacionales. No es un reino en el sentido terrenal, donde reinan el poder y la opresión, sino un reino donde reinan la justicia, el amor, la misericordia, la verdad y la paz.

En definitiva, el discípulo está llamado a ser el Reino (la presencia viva) de Dios en el mundo y a transformar el sufrimiento de sus gentes en alegría mediante actos de amorosa bondad.

Los discípulos virtuosos son la presencia viva de Jesús en el mundo. Son conscientes de que, hasta que Jesús vuelva, el Reino ha sido confiado a sus manos. En el Reino de Jesús, el discípulo no es el amo, sino el «servidor».

El poder del espíritu de Jesús alimenta los actos de amorosa bondad, revirtiendo las horribles condiciones humanas y trayendo sanación y salvación.

Cuando actuamos como Cristo, el Reino de Dios (el reino de la gracia de Dios) irrumpe en nuestro mundo.

Cuando nos sentimos movidos por el Espíritu a proclamar la verdad, a responder a la necesidad, a trabajar por la justicia, a transformar y sanar nuestra sociedad, el Reino de Dios irrumpe en la realidad humana y la gracia de Dios se hace claramente visible en nuestras palabras y acciones.

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Somos conscientes que Cristo no sólo se hace presente en el Santísimo Sacramento, sino que también en las Escrituras y en nuestros corazones. Incluso cuando estamos solos seguimos siendo miembros del Cuerpo de Cristo.

Se recomienda que en el lugar que escojáis para esta oración se coloque una vela encendida, un crucifijo y una Biblia. Estos símbolos ayudan a mantenernos conscientes de lo sagrado que es el tiempo de oración y a sentirnos unidos con las otras comunidades locales que están orando.

La celebración está organizada para que sea presidida por uno de los miembros de la familia y los otros miembros participen en ella. Sin embargo, la parte del presidente de la celebración puede ser compartida por todos los presentes.

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Miércoles, 10 Noviembre 2021 07:34

Celebrando En Familia - 33 Domingo del Tiempo Ordinario

Cuando aparezca el Hijo del Hombre

Ante la proximidad de la fiesta de Cristo Rey y el final del Año Litúrgico, las lecturas de este domingo tienen un aire de fin de los tiempos.

En el Evangelio, Marcos presenta una visión de la plena instauración del Reino y de la venida de Cristo como prueba final de la victoria de Dios.

El lenguaje es necesariamente simbólico y de mito, ya que describe algo que está por venir, no una realidad histórica. Pero esto no significa que no tenga relación con la realidad.

La visión se sitúa en el contexto de un tiempo de angustia. Las primeras comunidades cristianas, como la de Marcos, ciertamente soportaron mucha angustia a través de la persecución y el sufrimiento y sus luchas por seguir las enseñanzas de Jesús.

La venida en gloria de Jesús resucitado, junto con la gran reunión de su pueblo desde todos los rincones de la tierra, pretendían tranquilizar a una comunidad de creyentes cansada y asustada. Han seguido el camino del discipulado, compartiendo el sufrimiento de Jesús, algunos hasta la muerte. Un día la victoria final será de Dios y entrarán con Jesús en la plenitud del Reino.

Mientras tanto, sin embargo, los discípulos tienen que aprender a leer los signos de la presencia de Jesús en la vida cotidiana. Jesús no está sentado pasivamente a la derecha de Dios. Por medio del Espíritu Santo, sigue estando activamente presente en los corazones y las vidas de los creyentes, y en el universo.

Los discípulos tampoco deben esperar pasivamente la venida final. Esperamos con paciente esperanza, pero no con desidia, porque el ministerio de hacer presente a Cristo en cada pensamiento, palabra y acción, y en cada momento de la historia, continúa El Evangelio termina con una nota de certeza incierta: Cristo vendrá, pero no sabemos cuándo.

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Somos conscientes que Cristo no sólo se hace presente en el Santísimo Sacramento, sino que también en las Escrituras y en nuestros corazones. Incluso cuando estamos solos seguimos siendo miembros del Cuerpo de Cristo.

Se recomienda que en el lugar que escojáis para esta oración se coloque una vela encendida, un crucifijo y una Biblia. Estos símbolos ayudan a mantenernos conscientes de lo sagrado que es el tiempo de oración y a sentirnos unidos con las otras comunidades locales que están orando.

La celebración está organizada para que sea presidida por uno de los miembros de la familia y los otros miembros participen en ella. Sin embargo, la parte del presidente de la celebración puede ser compartida por todos los presentes.

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El Gran Mandamiento

La primera lectura del Libro del Deuteronomio y el Evangelio de hoy están unidos por la palabra del Shema, el credo que los judíos observantes rezan cada mañana y cada tarde. Estas palabras provienen del Deuteronomio: Escucha, Israel: El Señor es nuestro Dios, el Señor es uno solo. Amarás, pues,
al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas. El título Shema viene de la palabra hebrea ‘escuchar’, la primera palabra de la oración.

De alguna manera, el Shema es una llamada a la conversión: a escuchar profundamente con el corazón y a responder a la gracia y la misericordia de Dios con amor, fidelidad y obediencia.

Cuando un escriba le pregunta a Jesús: ‘¿Qué mandamiento es el primero de todos?’, Jesús le responde citando el Shema y luego añade una cita del Libro del Levítico (19,18): ‘Amarás a tu prójimo como a ti mismo’. Según Jesús, no hay ningún mandamiento más importante que estos.

El escriba queda impresionado por la respuesta de Jesús. Sus palabras a Jesús muestran que ha comprendido lo que Jesús quiere decir. Al repetir lo que Jesús acaba de decir con sus propias palabras, el escriba añade también: ‘vale más que todos los holocaustos y sacrificios’. Ahora es Jesús quien queda impresionado por la profundidad de la comprensión del escriba: que el amor es el corazón mismo de la profundidad de la obediencia de Dios y más importante incluso que el culto ritual. La correcta comprensión de la ley del Antiguo Testamento por parte del escriba significa que está muy cerca del reino de Dios.

También significa que la verdadera fe, tal y como la enseña Jesús, consiste en mantener una relación de amor con Dios y con otros seres humanos. Los rituales religiosos deben ser formas de reflexionar, saborear, recordar, celebrar y expresar ese amor. A veces acaban siendo rituales ‘vacíos’, cuando el amor ha sido sustituido por el miedo, cuando intentamos negociar con Dios, o cuando nos limitamos a ‘pasar/entrar por el aro’.

El Reino de Dios no es un lugar lejano, sino los momentos en que la vida de Dios irrumpe en la historia humana. Esos momentos traen amor, sabiduría, gracia, compasión, generosidad, perdón y paz. Los que practican las cosas de Dios reconocen la presencia de Dios sobre todo en las relaciones de amor. Si nuestros rituales surgen y expresan nuestro amor sincero a Dios y al prójimo, entonces tienen valor. Muchas veces corremos el riesgo de poner lo ritual por encima de la práctica del amor, pensando que estamos en las buenas con Dios solo por asistir a una liturgia, en cierto sentido, ‘pagar a Dios’, en cierto sentido.

Las palabras de Jesús nos recuerdan la importancia de la otra parte de nuestra vida religiosa: la liturgia de la vida cotidiana en la que hacemos presente y visible el amor, la misericordia y la compasión de Dios.

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Somos conscientes que Cristo no sólo se hace presente en el Santísimo Sacramento, sino que también en las Escrituras y en nuestros corazones. Incluso cuando estamos solos seguimos siendo miembros del Cuerpo de Cristo.

Se recomienda que en el lugar que escojáis para esta oración se coloque una vela encendida, un crucifijo y una Biblia. Estos símbolos ayudan a mantenernos conscientes de lo sagrado que es el tiempo de oración y a sentirnos unidos con las otras comunidades locales que están orando.

La celebración está organizada para que sea presidida por uno de los miembros de la familia y los otros miembros participen en ella. Sin embargo, la parte del presidente de la celebración puede ser compartida por todos los presentes.

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La vida en el Reino de Dios

El Reino en el Evangelio de Marcos no es algo que está por venir; al contrario, es una realidad presente: es la presencia y la acción de Dios en medio de su pueblo. Puede que no se vea siempre con facilidad, pero está ahí de todos modos.

El domingo pasado, Marcos utilizó dos parábolas para hablar de la realidad del Reino. En los próximos domingos comenzará a hablar del misterio del Reino presente en Jesús y de lo que se necesita para vivir en el Reino. Ninguno de los relatos de Marcos presenta un despliegue de poder impresionante. Al contrario, los relatos de Marcos dejan claro que Jesús trata de salvar a los seres humanos, de curarlos y de calmar los corazones perturbados por las tormentas de la vida. En Jesús está el poder de la vida y la liberación. Las tormentas repentinas en el lago de Galilea eran bien conocidas y siguen ocurriendo hoy en día.

Muchos de nuestros "barcos" y de nuestros seres queridos se han visto zarandeados por mares turbulentos desde la llegada repentina del Coronavirus el año pasado. Muchos de nosotros conocemos exactamente el tipo de miedo e incertidumbre que sintieron los discípulos mientras eran zarandeados en la oscuridad del tormentoso lago en el Evangelio de este domingo. Muchos también pueden sentir que Jesús está dormido en alguna parte.

Y, sin embargo, los signos de Jesús están por todas partes: en los trabajadores de la salud y en los investigadores médicos, en las personas que hacen todo lo posible para cuidar de los demás, para proporcionar comidas y refugio, para mantenerse a sí mismos y a sus seres queridos a salvo, para llevar consuelo y rezar.

La vulnerabilidad es una experiencia incómoda. Marcos nos ayuda a comprender que la vida en el Reino comienza con la fe y la confianza en Dios, especialmente en medio de las luchas épicas que amenazan con vencernos.

...

Somos conscientes que Cristo não só se faz presente no Santíssimo Sacramento, mas também está em nossos corações. Mesmo quando estamos sós, continuamos sendo membros do Corpo de Cristo.

O lugar que escolher para esta oração, poderia ter uma vela acesa, um crucifixo e a Bíblia. Estes símbolos ajudam a manter-nos conscientes do sagrado que é o tempo de oração e a nos sentirmos unidos com as outras comunidades locais que estão em oração.

A celebração é organizada para que um dos membros da família a presida e os demais membros participem juntos. Porém, a parte do presidente da celebração pode ser compartilhada por todos os presentes.

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Compañeros con Cristo

Il Vangelo odierno comincia con l’appello fondativo del ministero di Gesù: il regno di Dio è vicino; convertitevi e credete al vangelo. Segue immediatamente la chiamata dei discepoli. Questo vangelo continua le letture della domenica scorsa riguardo la vocazione e, nello specifico, parla di come diventare un seguace di Cristo porti alla trasformazione e alla proclamazione della Buona Novella.

L’idea del pentimento presente nel testo non riguarda il rifiuto del peccato, bensì l’abbandono di una vita conosciuta per poter incamminarsi verso una direzione completamente nuova in quanto seguace di Cristo.

Questo si nota nella chiamata dei pescatori: allontanati da tutto ciò che conoscevano e persino dalle loro famiglie, essi si imbarcano verso una nuova direzione, seguendo Cristo.

Il fatto che Gesù abbia chiamato (e ancora chiami) discepoli non deve esser letto come un tentativo di creare un gregge di seguaci “pecoroni”, ma di un gruppo di persone che vive e opera in partecipazione attiva con Cristo per stabilire il Regno e predicare la Buona Novella. Diventando “pescatori di uomini” essi attraggono altri all’interno della cerchia della vita di Dio!

Attraverso la proclamazione iniziale del ministero di Gesù e la storia della chiamata dei primi quattro discepoli, il Vangelo ci invita a riflettere sulla nostra vocazione e la nostra chiamata in quanto seguaci di Cristo, e riguardo a cosa è necessario lasciarsi dietro per entrare ancor più pienamente nel mistero del Regno di Dio, su come noi possiamo operare in collaborazione con lo Spirito di Gesù nel rendere il Regno una entità reale nel mondo.

Perché il Regno non esiste senza gli essere umani – esso deve essere incarnato nel popolo di Dio, i discepoli di Cristo.

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Llamados a ser Evangelio viviente

Este domingo se podría llamar el «Domingo de las Vocaciones». Tanto la Primera Lectura como el Evangelio son historias de una llamada y de una respuesta.

El texto que leemos en la Primera Lectura describe como fue la «llamada de Samuel». Tres veces escucha que Dios lo llama, pero piensa que es Elí (un sacerdote del templo) y corre adonde estaba él. Finalmente, Elí comprendió que era Dios quien llamaba a Samuel y le dice si te llama de nuevo di: «Habla, Señor, que tu siervo escucha».

La lectura concluye con la idea que Dios estaba con (habitó con) Samuel y que Samuel habló en el nombre de Dios.

Al unir esta lectura con el Evangelio es difícil escapar a la idea que este domingo es dedicado a las vocaciones para todos los discípulos. Así como Dios llama a Samuel y Elí le señala el camino, Jesús llama a Andrés y al otro discípulo, y Juan el Bautista les señala el camino. Andrés responde (lo sigue), va a ver donde vivía y se queda con Jesús. Al día siguiente, llama a Pedro y ambos van a ver y a vivir con Jesús.

El encuentro de Andrés con Jesús lo transforma en un seguidor y en un evangelizador. El encuentro de Pedro con Jesús (que vino a ver a Jesús) lo transforma en la «roca», en el «fundamento» y el «pastor» (en el Evangelio de Juan) del rebaño.

La Iglesia, con estas lecturas, da inicio al Tiempo Ordinario nos invita a reflexionar sobre nuestra vocación, nuestra llamada, para ser discípulos – para venir y ver a Jesús, para permanecer con él y convertirnos en evangelizadores y pastores en nuestra realidad.

Permaneciendo en la compañía de Jesús (habitando con él) podemos ver quienes son realmente Jesús y Dios, a menudo muy diferentes a las imágenes con las que hemos crecido.

Los cristianos están llamados a una fe «madura» en Jesús, a una relación viva que no dependa de reglas, amenazas y miedos, y que esté motivada solamente por el amor.

Aprendamos a vivir una relación de fidelidad con Jesús. Con el tiempo, nos convertiremos en la «voz» viva de Cristo con nuestros pensamientos, palabras y acciones.

No es un seguimiento pasivo al que estamos llamados. No se trata simplemente de poner nuestros pies en las pisadas de Jesús. Se trata de vivir con él, hacer de su hogar el nuestro y nuestro hogar suyo. Se trata de hacer espacio para Él en nuestros corazones y en nuestras vidas, convertirnos en la morada de Dios y la voz de Cristo para ser un evangelio vivo del amor de Dios.

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We began Advent with the cry, ‘Come, Lord Jesus’. Now we end it with the joyful shout, ‘God is with us!’

Reflecting on the historical birth of Jesus, the Church proclaims the truth that God is, and has always been, with his people. And if God is with us, then God is for us. God is on our side.

God has no desire to live in houses made of wood, stone or gold. God’s deepest desire is to live in human flesh. Just as God did that in the human flesh of Jesus Christ a long time ago, God continues to do so now in us.

Like Mary, we accept God’s invitation, allowing Jesus to become flesh in us, too; to be seen and experienced in good thoughts, good words and good actions, in deeds of loving kindness which bring life, not death, to God’s people

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