Displaying items by tag: Celebrating At Home
Celebrando en Familia - Quinto Domingo de Pascua
Despedida, gloria y discipulado de amor (Juan 13:31-35)
Estas palabras, pronunciadas durante la última cena de Jesús con sus discípulos, inician lo que en el Evangelio de Juan se denomina el discurso de despedida (13,31-17,26). Son las últimas palabras de Jesús a sus discípulos antes de su muerte.
Al ofrecer seguridad y consuelo, Jesús desarrolla varios temas que han sido introducidos anteriormente en su ministerio, incluyendo en particular la gloria, la morada mutua y el amor. Su punto principal es la experiencia de vida en Dios que tienen y seguirán teniendo los discípulos.
La relación entre el Padre y el Hijo, que ha sido revelada en los primeros doce capítulos del Evangelio, Jesús la declara ahora realizada en los discípulos. La relación entre el Padre, el Hijo y el Espíritu se describe aquí con más detalle que en ningún otro lugar de la Biblia. Por tanto, en estos capítulos se encuentra la enseñanza más profunda sobre Dios y el discipulado en la Sagrada Escritura.
La primera parte de la lectura del Evangelio de hoy es un poco confusa, a menos que entendamos que la ‘gloria’ en la tradición bíblica tiene que ver con la revelación del Dios invisible. Así, en estas líneas hay un sentido de glorificación mutua: el Padre se revela en el Hijo y el Hijo revela al Padre en su muerte en la cruz. El Hijo revelará el amor del Padre de forma más evidente cuando entregue su vida.
Utilizando este modo íntimo de dirigirse a ellos, ‘Hijos míos’, Jesús comienza a preparar a los discípulos para la difícil realidad de su partida.
Así como Jesús ha sido el amor de Dios en acción en el mundo, ahora los discípulos deben serlo. El carácter indispensable de la permanencia en el amor queda subrayado por el uso del ‘mandamiento’. Es por su amor mutuo que todos los reconocerán como discípulos de Aquel que amó hasta dar su vida.
- pdf Celebrating At Home - Fifth Sunday of Easter [PDF] (3.08 MB)
- default Celebrating At Home - Fifth Sunday of Easter [ePub] (4.33 MB)
- pdf Celebrando en Familia - Quinto Domingo de Pascua (433 KB)
- pdf Celebrando in Casa - V Domenica di Pasqua (588 KB)
- pdf Celebrando em família - Quinto Domingo da Páscoa (586 KB)
Celebrando en Familia - Cuarto Domingo de Pascua
Pastor y ovejas,
lazos de vida y amor (Juan 10:27-30)
El cuarto Domingo de Pascua es conocido como «el domingo del Buen Pastor» porque no importa el ciclo litúrgico que estemos celebrando siempre el Evangelio nos mostrará la imagen de Jesús como el Buen Pastor.
El oficio de pastor en la época de Jesús no se parece en nada a las grandes empresas agrícolas de hoy.
Para aquel entonces, un pastor solía tener a su cargo unas quince o veinte ovejas a las que acompañaba día y noche. Tanto el pastor como las ovejas se conocían. El pastor era responsable de mantener el rebaño unido y seguro, de conducirlos a buenos pastos, de sanar las heridas. Las ovejas dependían del pastor para vivir.
No es de extrañar que la imagen del Buen Pastor se hiciera tan popular como descripción de la relación entre Jesús y sus seguidores.
El Evangelio de hoy está lleno de calidez e intimidad en la forma en que habla de la relación de Jesús con nosotros.
Las ovejas que escuchan a Jesús le pertenecen (están en relación con él). Hay un sentido de intimidad en la idea de que Jesús conoce a cada una de las ovejas que le siguen. Él las conoce y ellas le siguen porque están unidas por el vínculo del amor.
Las ovejas tienen vida a través de su relación con Jesús, una relación que trae la vida eterna, no solo después de la muerte, las ovejas ya viven, aquí y ahora, la vida eterna de Dios.
Esta relación con Jesús y la vida eterna que conlleva no se pueden perder ni arrebatar.
Somos el regalo que el Padre hace a Jesús. Y como el Padre y Jesús viven en profunda comunión entre sí, nosotros también estamos atrapados en esta comunión de amor duradero.
Este amor que Dios nos tiene nos hace parte de la familia de Dios: Hijos e hijas predilectos de Dios.
Toda reflexión sobre Jesús como Buen Pastor nos hace recordar también que pastorear a los demás según el corazón de Jesús forma parte de nuestra vocación de discípulos.
- pdf Celebrating At Home - Fourth Sunday of Easter [PDF] (5.07 MB)
- default Celebrating At Home - Fourth Sunday of Easter [ePub] (4.21 MB)
- pdf Celebrando en Familia - Cuarto Domingo de Pascua (529 KB)
- pdf Celebrando in Casa - Quarta Domenica di Pasqua (552 KB)
- pdf Celebrando em família - Quarto Domingo da Páscoa (532 KB)
Celebrando en Familia - Tercer Domingo de Pascua
Desayuno con amigos,
liderazgo del amor (Juan 21:1-19)
Las lecturas del tiempo de Pascua continúan desarrollando para nosotros el gran Misterio Pascual: la presencia permanente de Jesús entre nosotros y lo que puede significar la ‘nueva vida en Cristo’.
El Evangelio de hoy narra la tercera aparición de Jesús a los discípulos después de su resurrección. Al principio no lo reconocen; luego hay una gran pesca seguida de una comida. Después, en la versión larga de este Evangelio, se le da el mandato a Pedro de guiar al rebaño en el amor.
Se necesita fe para reconocer la presencia de Jesús entre nosotros. La realidad puede cambiar y las cosas buenas resultan cuando lo hacemos. Todas las comidas que compartimos son recuerdos de la comida eucarística que nos mantiene en comunión con la vida de Cristo resucitado y entre nosotros. Jesús sigue siendo alimento y fuerza para el camino. Nuestra fe se construye sobre el amor.
En su diálogo con Cristo, Pedro reafirma tres veces su amor por él, revirtiendo su triple negación de Jesús antes de la crucifixión. Pedro es líder, pero su liderazgo se construye sobre su amor a Cristo. No es la autoridad de la tiranía, sino del cuidado pastoral. Pedro debe ‘apacentar mis corderos’, los jóvenes, los vulnerables. Debe ‘cuidar de mis ovejas’, alimentando y cuidando del rebaño, atendiendo a sus necesidades.
Cada vez que Jesús compartió una comida con sus seguidores, abrió sus corazones y sus mentes. Mientras seguimos compartiendo la comida eucarística, Jesús continúa alimentándonos y nutriéndonos con una nueva visión, una comprensión más profunda y un mayor amor.
- pdf Celebrating At Home - Third Sunday of Easter [PDF] (3.80 MB)
- default Celebrating At Home - Third Sunday of Easter [ePub] (4.50 MB)
- pdf Celebrando en Familia - Tercer Domingo de Pascua (889 KB)
- pdf Celebrando in Casa - Terza Domenica di Pasqua (902 KB)
- pdf Celebrando em família - Terceiro Domingo da Páscoa (892 KB)
Celebrando en Familia - Segundo Domingo de Pascua
La comunidad reunida recibe con alegría el Espíritu Santo,
que la transforma (Juan 20:19-31)
Con la resurrección del Señor, el domingo pasado, comenzó en la Iglesia la celebración de la cincuentena Pascual, que concluirá, en seis semanas, con la fiesta de Pentecostés.
Los evangelios de cada domingo de esta cincuentena serán una meditación sobre Jesús como: el Cristo resucitado, que enseña las Escrituras, comparte el pan y da la vida en toda su plenitud, porque él es el camino, la verdad y la vida, la promesa del amor de Dios.
El Evangelio de este domingo nos presenta dos historias de transformación por el encuentro con Jesús resucitado.
En la primera, Jesús se aparece a los discípulos que estaban asustados y desconcertados en una habitación con las puertas cerradas. Sus primeras palabras son: ‘La paz con vosotros’. Entonces, el miedo y el desconcierto se convierten en alegría cuando los discípulos reconocen la presencia de Jesús resucitado en medio de ellos. Pero eso no es todo, luego son enviados a ser misioneros de la paz y el perdón. Reciben el Espíritu Santo, se transforman de un grupo de personas atemorizadas, escondidos en una habitación, en personas valientes que proclaman el amor y la misericordia de Dios.
Sabemos que el miedo genera soledad y encierro en sí mismo. Lo vivimos cada día en estos momentos.
Mientras buscamos los medios para mantenernos a salvo nosotros mismos y a los demás, también, estamos tratando que nuestros corazones no se bloqueen.
En nuestra naturaleza humana encontramos algo bueno inherente en ella. Las personas están encontrando nuevas formas de cuidarse mutuamente; por ejemplo: como restaurantes de primera clase ofrecen cientos de comidas para personas pobres, ancianas o aisladas.
U otros muchos ejemplos de personas que transforman el miedo y el desconcierto en momentos de esperanza y de alegría. ¿reconocemos la presencia del Jesús resucitado en estas acciones salvíficas?
La segunda historia del Evangelio de hoy, todos la conocemos es la duda de Tomás; pero, más bien la deberíamos llamar como el Tomás creyente: la duda es solo el inicio de la historia.
Jesús no regaña ni reprende a Tomás. Si Tomas quería pruebas, solo necesitaba tocar a Jesús para sentirlo que es real. Pero Tomás no lo hace, sino que el encuentro personal con Jesús lo transforma de escéptico en creyente.
Este texto evangélico nos recuerda que la fe no consiste en creer con nuestras mentes o en la búsqueda de pruebas, sino que la fe se encuentra únicamente en nuestra relación personal con Jesús.
Quizás estos días nos brinden un poco más de tiempo para sentarnos y conversar con Jesús, para reconocerle ya presente en nuestros corazones, para dejar que nuestros miedos y dudas sean superados por el amor, para encontrar formas nuevas y creativas de transformar la oscuridad en luz, paz y alegría para los demás.
Que la nueva vida que celebramos, en esta cincuentena pascual, nos traiga la creatividad del Espíritu que necesitamos para ser en el mundo de hoy el corazón vivo de Dios.
Celebrando en Familia - El Domingo de Pascua
Un sepulcro vacío
La vida ha cambiado para siempre
(Juan 20:1-9)
Cuando una persona muere, una de las cosas que sentimos es su ausencia. La habitación y los lugares donde se sentaba, cuando vivía entre nosotros, están vacías y nuestros corazones se entristecen.
Para nosotros no es una dificultad compartir la sensación de desconcierto y vacío que sintió María Magdalena cuando llegó al sepulcro. Esta es una Pascua, como nunca antes, la habíamos tenido. Sin nuestras celebraciones habituales, junto a la familia y los amigos, podemos sentir realmente un vacío.
Pero, si leyéramos los versículos subsiguientes del Evangelio de Juan, que acabamos de escuchar, nos encontraríamos con una historia rebosante de alegría, María se encuentra con Jesús, el resucitado.
Cuando ella escucha su nombre ‘María’, lo reconoce y su tristeza, su vacío, dan paso a la alegría del encuentro con Jesús.
Es una historia de transformación, cómo pueden cambiar las cosas cuando realmente nos encontramos con Jesús, el resucitado.
En cierto modo, todos estamos atrapados en nuestros sepulcros, que contienen a nuestros seres queridos, nuestras experiencias de dolor, nuestros miedos y ansiedades.
Necesitamos la presencia porque experimentamos la ausencia de estar separados de nuestros seres amados y amigos.
La práctica de la presencia de Dios nos puede ayudar, recordando que estamos en su presencia, podemos hablar con él como se hablan los amigos.
Dios está en medio de nosotros, no importa lo que estemos viviendo, él está presente. Dios es nuestro constante compañero. Si experimentamos profundamente la presencia de Dios en nuestras vidas, que no solo está a nuestro lado, sino que está dentro nosotros. Entonces, los temores, las ansiedades, los dolores comenzarán a desaparecer. Y, donde había ausencia, ahora hay una presencia serena, amorosa, sanadora y nuestros sepulcros comenzaran a vaciarse dando paso a la alegría.
Con la resurrección la muerte da paso a la vida, lo imposible se convierte en posible, la ausencia se transforma en presencia. ¡Que todos vuestros sepulcros estén vacíos!
Celebrando en Familia - El Viernes Santo
Pasión de nuestro Señor Jesucristo
(Juan 18:1 - 19:42)
Jesús salió con sus discípulos al otro lado del torrente Cedrón, donde había un huerto, y entraron allí él y sus discípulos. Judas, el traidor, conocía también el sitio, porque Jesús se reunía allí a menudo con sus discípulos. Judas entonces, tomando la patrulla y unos guardias de los sumos sacerdotes y de los fariseos, entró allá con faroles, antorchas y armas. Jesús, sabiendo todo lo que venía sobre él, se adelantó y les dijo: ‘¿A quién buscáis?’ Le contestaron: ‘A Jesús el Nazareno’. Les dijo Jesús: ‘Yo soy’. Estaba también con ellos Judas el traidor. Al decirles ‘Yo soy’, retrocedieron y cayeron a tierra. Les preguntó otra vez: ‘¿A quién buscáis?’ Ellos dijeron: ‘A Jesús el Nazareno’. Jesús contestó: ‘Os he dicho que soy yo. Si me buscáis a mí, dejad marchar a éstos’. Y así se cumplió lo que había dicho: ‘No he perdido ninguno de los que me diste’. Entonces Simón Pedro, que llevaba una espada, la sacó e hirió al criado del sumo sacerdote, cortándole la oreja derecha. Este criado se llamaba Malco. Dijo entonces Jesús a Pedro: ‘Mete la espada en la vaina. El cáliz que me ha dado mi Padre, ¿no lo voy a beber?’
Silencio y pausa para la reflexión
La patrulla, el tribuno y los guardias de los judíos prendieron a Jesús, lo ataron y lo llevaron primero a Anás, porque era suegro de Caifás, sumo sacerdote aquel año, el que había dado a los judíos este consejo: ‘Conviene que muera un solo hombre por el pueblo’.
Simón Pedro y otro discípulo seguían a Jesús. Ese discípulo era conocido del sumo sacerdote y entró con Jesús en el palacio del sumo sacerdote, mientras Pedro se quedó fuera, a la puerta. Salió el otro discípulo, el conocido del sumo sacerdote, habló a la portera e hizo entrar a Pedro. La portera dijo entonces a Pedro: ‘¿No eres tú también de los discípulos de ese hombre?’ El dijo: ‘No lo soy’. Los criados y los guardias habían encendido un brasero, porque hacía frío, y se calentaban. También Pedro estaba con ellos de pie, calentándose.
El sumo sacerdote interrogó a Jesús acerca de sus discípulos y de la doctrina. Jesús le contestó: ‘Yo he hablado abiertamente al mundo: yo he enseñado continuamente en la sinagoga y en el templo, donde se reúnen todos los judíos, y no he dicho nada a escondidas. ¿Por qué me interrogas a mí? Interroga a los que me han oído, de qué les he hablado. Ellos saben lo que he dicho yo’. Apenas dijo esto, uno de los guardias que estaba allí le dio una bofetada a Jesús, diciendo: ‘¿Así contestas al sumo sacerdote?’. Jesús respondió: ‘Si he faltado en el hablar, muestra en qué he faltado; pero si he hablado como se debe, ¿por qué me pegas’. Entonces Anás lo envió a Caifás, sumo sacerdote.
Simón Pedro estaba de pie, calentándose, y le dijeron: ‘No eres tú también de sus discípulos?’ Él lo negó diciendo: ‘No lo soy’. Uno de los criados del sumo sacerdote, pariente de aquel a quien Pedro le cortó la oreja, le dijo: ‘¿No te he visto yo con él en el huerto?’ Pedro volvió a negar, y en seguida cantó un gallo.
Silencio y pausa para la reflexión
Llevaron a Jesús de casa de Caifás al Pretorio. Era el amanecer y ellos no entraron en el Pretorio para no incurrir en impureza y poder así comer la Pascua. Salió Pilato afuera, adonde estaban ellos, y dijo: ‘¿Qué acusación presentáis contra este hombre?’ Le contestaron: ‘Si éste no fuera un malhechor no te lo entregaríamos’. Pilato les dijo: ‘Lleváoslo vosotros y juzgadlo según vuestra ley’. Los judíos le dijeron: ‘No estamos autorizados para dar muerte a nadie’. Y así se cumplió lo que había dicho Jesús, indicando de qué muerte iba a morir. Entró otra vez Pilato en el Pretorio, llamó a Jesús y le dijo: ‘¿Eres tú el rey de los judíos?’.
Jesús le contestó: ‘¿Dices eso por tu cuenta o te lo han dicho otros de mí?’ Pilato replicó: ‘¿Acaso soy yo judío?
Tu gente y los sumos sacerdotes te ha entregado a mí; ¿qué has hecho?’ Jesús le contestó: ‘Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, mi guardia habría luchado para que no cayera en manos de los judíos. Pero mi reino no es de aquí’. Pilato le dijo: ‘Conque ¿tú eres rey?’ Jesús le contestó: ‘Tú lo dices: Soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo; para ser testigo de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz’. Pilato le dijo: ‘Y, ¿qué es la verdad?’ Dicho esto, salió otra vez donde estaban los judíos y les dijo: ‘Yo no encuentro en El ninguna culpa. Es costumbre entre vosotros que por Pascua ponga a uno en libertad. ¿Queréis que os suelte al rey de los judíos’ Volvieron a gritar: ‘A ése no, a Barrabás’.
El tal Barrabás era un bandido.
Entonces Pilato tomó a Jesús y lo mandó azotar.
Y los soldados trenzaron una corona de espinas se la pusieron en la cabeza y le echaron por encima un manto color púrpura; y, acercándose a Él, le decían: ‘¡Salve, rey de los judíos!’ Y le daban bofetadas.
Silencio y pausa para la reflexión
Pilato salió otra vez afuera y les dijo: ‘Mirad, os lo saco afuera, para que sepáis que no encuentro en él ninguna culpa’. Y salió Jesús afuera, llevando la corona de espinas y el manto color púrpura. Pilato les dijo: ‘Aquí lo tenéis’ Cuando lo vieron los sacerdotes y los guardias gritaron: ‘¡Crucifícalo, crucifícalo!’ Pilato les dijo: ‘Lleváoslo vosotros y crucificadlo, porque yo no encuentro culpa en él’. Los judíos le contestaron: ‘Nosotros tenemos una ley, y según esa ley tiene que morir, porque se ha declarado Hijo de Dios’. Cuando Pilato oyó estas palabras, se asustó aún más y, entrando otra vez en el Pretorio, dijo a Jesús: ‘¿De dónde eres tú?’. Pero Jesús no le dio respuesta. Y Pilato le dijo: ‘¿A mí no me hablas? ¿No sabes que tengo autoridad para soltarte y autoridad para crucificarte?’. Jesús le contestó: ‘No tendrías ninguna autoridad sobren mí si no te la hubieran dado de lo alto. Por eso el que me ha entregado a ti tiene un pecado mayor.’ Desde este momento Pilato trataba de soltarlo, pero los judíos gritaban: ‘Si sueltas a ése, no eres amigo del César. Todo el que se declara rey está contra el César’. Pilato entonces, al oír estas palabras, sacó afuera a Jesús y lo sentó en el tribunal, en el sitio que llaman ‘El Enlosado’ (en hebreo Gábbata). Era el día de la Preparación de la Pascua, hacia el mediodía. Y dijo Pilato a los judíos: ‘Aquí tenéis a vuestro Rey’.
Ellos gritaron: ‘¡Fuera, fuera; crucifícalo!’ Pilato les dijo: ‘¿A vuestro rey voy a crucificar?’ Contestaron los sumos sacerdotes: ‘No tenemos más rey que al César’. Entonces se lo entregó para que lo crucificaran.
Silencio y pausa para la reflexión
Tomaron a Jesús, y él, cargando con la cruz, salió al sitio llamado ‘de la Calavera’ (que en hebreo se dice Gólgota), donde lo crucificaron; y con El a otros dos, uno a cada lado, y en medio Jesús y con El a otros dos,
uno a cada lado, y en medio Jesús.
Y Pilato escribió un letrero y lo puso encima de la cruz; en él estaba escrito: «Jesús el Nazareno, el rey de los judíos». Leyeron el letrero muchos judíos, porque estaba cerca el lugar donde crucificaron a Jesús y estaba escrito en hebreo, latín y griego. Entonces los sumos sacerdotes de los judíos le dijeron a Pilato: ‘No escribas ‘El rey de los judíos’, sino “Este ha dicho: Soy el rey de los judíos”. Pilato les contestó: ‘Lo escrito, escrito está.’ Los soldados, cuando crucificaron a Jesús, cogieron su ropa, haciendo cuatro partes, una para cada soldado, y apartaron la túnica. Era una túnica; sin costura, tejida toda de una pieza de arriba abajo. Y se dijeron: ‘No la rasguemos, sino echemos a suerte, a ver a quien le toca.’ Así se cumplió la Escritura: ‘Se repartieron mis ropas y echaron a suerte mi túnica’. Esto hicieron los soldados.
Junto a la cruz de Jesús estaba su madre, la hermana de su madre, María, la de Cleofás, y María, la Magdalena. Jesús, al ver a su madre y cerca al discípulo que tanto quería, dijo su madre: ‘Mujer, ahí tienes a tu hijo’. Luego dijo al discípulo: ‘Ahí tienes a tu madre’. Y desde aquella hora, el discípulo la recibió en su casa.
Después de esto, sabiendo Jesús que todo había llegado a su término, para que se cumpliera la Escritura dijo: ‘Tengo sed’. Había allí un jarro lleno de vinagre. Y, sujetando una esponja empapada en vinagre a una caña de hisopo, se la acercaron a la boca. Jesús, cuando tomó el vinagre, dijo: ‘Está cumplido’. E, inclinando la cabeza, entregó el espíritu.
Silencio y pausa para la reflexión
Los judíos entonces, como era el día de la Preparación, para que no se quedaran los cuerpos en la cruz el sábado, porque aquel sábado era un día solemne, pidieron a Pilato que les quebraran las piernas y que los quitaran. Fueron los soldados, le quebraron las piernas al primero y luego al otro que habían crucificado con él; pero al llegar a Jesús, viendo que ya había muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados, con la lanza, le traspasó el costado, y al punto salió sangre y agua. El que lo vio da testimonio y su testimonio es verdadero, y él sabe que dice verdad, para que también vosotros creáis.
Esto ocurrió para que se cumpliera la Escritura: No le quebrarán un hueso; y en otro lugar la Escritura dice: Mirarán al que atravesaron.
Después de esto, José de Arimatea, que era discípulo clandestino de Jesús por miedo a los judíos, pidió a Pilato que le dejara llevarse el cuerpo de Jesús. Y Pilato lo autorizó. Él fue entonces y se llevó el cuerpo. Llegó también Nicodemo, el que había ido a verlo de noche, y trajo unas cien libras de una mixtura de mirra y áloe. Tomaron el cuerpo
de Jesús y lo vendaron todo, con los aromas, según se acostumbra a enterrar entre los judíos. Había un huerto en el sitio donde lo crucificaron, y en el huerto sepulcro nuevo donde nadie había sido enterrado todavía. Y como para los judíos era el día de la Preparación, y el sepulcro estaba cerca, pusieron allí a Jesús.
Silencio y pausa para la reflexión
Celebrando en Familia - El Jueves Santo
Lavatorio de los pies
Compartir el pan y el vino: El amor manifestado en el servicio
Esta noche recordamos el mandato de Jesús: amarnos los unos a los otros, lavarnos mutuamente los pies y compartir el pan de su propia vida, no solo en la mesa, sino también en el altar de la Cruz para la curación y alimento del mundo.
La liturgia de la Jueves Santo es una meditación acerca del vínculo íntimo entre la Eucaristía y el amor cristiano manifestado en el servicio mutuo. Cristo está presente no solo en la Eucaristía sino también en los actos amorosos ofrecidos a los otros a través de nuestra persona.
Hacemos presente la presencia ‘real’ de Jesús en cada sonrisa, en cada palabra amable y en cada acción amorosa.
Celebrando en Familia - Domingo de Ramos
El amor revelado
(Lucas 23:1-49))
Para los que no pueden participar en la misa, reunir algunas palmas. Después de la bendición, se pueden repartir entre todos los presentes. Las palmas son un recordatorio de que la historia de Jesús no termina en la muerte, sino en la vida.
Señal de la Cruz
y del Espíritu Santo.
Amén.
Preparémonos para escuchar la Palabra
No somos un edificio,
Durante la Cuaresma nos hemos estado
Hoy, en unión con toda la Iglesia,
Nosotros también entramos
Bendición de las Palmas
En el Imperio Romano, la gente usaba ramas de palma y otras plantas como señal de bienvenida y respeto cuando las personas importantes entraban en los pueblos y las ciudades. Los evangelios recuerdan que esto es lo que muchas personas en Jerusalén hicieron con Jesús.Dios Todopoderoso,
escucha nuestras oraciones:
Derrama tu bendición sobre nosotros y sobre estas
palmas. Hoy aclamamos con gozo a Jesús nuestro
Mesías y Rey. Que podamos honrarlo todos los días
viviendo siempre en él, porque él es Señor por los
siglos de los siglos.
Amén.
Pasión de Nuestro Señor Jesucristo según San Lucas
Y se pusieron a acusarlo, ‘Hemos encontrado que este anda amotinando a nuestra nación, y oponiéndose a que se paguen tributos al César, y diciendo que él es el Mesías rey’. Pilatos le preguntó: ‘¿Eres tú el rey de los judíos?’. Él le responde: ‘Tú lo dice’.
Pilato dijo a los sumos sacerdotes y a la gente: ‘No encuentro ninguna culpa en este hombre’. Pero ellos insistían con más fuerza, diciendo: ‘Solivianta al pueblo enseñando por toda Judea, desde que comenzó en Galilea hasta llegar aquí’. Pilato, al oírlo, preguntó si el hombre era galileo, y, al enterarse de que era de la jurisdicción de Herodes, que estaba precisamente en Jerusalén por aquellos días, se lo remitió.
Lector 2: Herodes al ver a Jesús, se puso muy contento, pues hacía bastante tiempo que deseaba verlo, porque oía hablar de él y esperaba verle hacer algún milagro. Le hacía muchas preguntas con abundante verborrea; pero él no le contestaba nada.
Estaban allí los sumos sacerdotes y los escribas acusándolo con ahínco. Herodes, con sus soldados, lo trató con desprecio y, después de burlarse de él, poniéndole una vestidura blanca, se lo remitió a Pilatos. Aquel mismo día se hicieron amigos entre sí
Herodes y Pilato, porque antes estaban enemistado.
Lector 3: Pilato, después de convocar a los sumos sacerdotes, a los magistrados y al pueblo, les dijo: ‘Me habéis traído a este hombre como agitador del pueblo; y resulta que yo lo he interrogado delante de vosotros y no he encontrado en este hombre ninguna de las culpas de que lo acusáis; pero tampoco Herodes, porque nos lo ha devuelto: ya veis que no ha hecho nada digno de muerte. Así que le daré un escarmiento y lo soltaré’. Ellos vociferaron en masa:
‘¡Quita de en medio a ese! Suéltanos a Barrabás’. (Este había sido metido en la cárcel por una revuelta en la ciudad y un homicidio.)
Lector 1: Pilato volvió a dirigirles la palabra queriendo soltar a Jesús, pero ellos seguían gritando: ‘¡Crucifícalo, crucifícalo!’. Por tercera vez les dijo: ‘Pues ¿qué mal ha hecho este? No he encontrado en él ninguna culpa que merezca la muerte. Así que le daré un escarmiento y lo soltaré’. Pero ellos se le echaban encima, pidiendo a gritos que lo crucificara e iba creciendo su griterío.
Pilato entonces sentenció que se realizara lo que pedían: soltó al que le reclamaban (al que había metido en la cárcel por revuelta y homicidio), y a Jesús lo entregó a su voluntad.
Lector 2: Mientras lo conducían, echaron mano de un cierto Simón de Cirene, que volvía del campo, y le cargaron la cruz, para que la llevase detrás de Jesús. Lo seguía un gran gentío del pueblo, y de mujeres que se golpeaban el pecho y lanzaban lamentos por él. Jesús se volvió hacia ellas y les dijo: ‘Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí, llorad por vosotras y por vuestros hijos, porque mirad que vienen días en los que dirán: ‘Bienaventuradas las estériles y los vientres que no han dado a luz y los pechos que no han criado». Entonces empezarán a decirles a los montes: ‘Caed sobre nosotros’, y las colinas: ‘Cubridnos’, porque, si esto hacen con el leño verde, ¿qué harán con el seco?’ Conducían también a otros dos malhechores para ajusticiarlos con él.
Lector 3: Y cuando llegaron al lugar llamado ‘La Calavera’, lo crucificaron allí, a él y a los malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda. Jesús decía: ‘Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen’.
Hicieron lotes con sus ropas y los echaron a suerte.
Lector 1: El pueblo estaba mirando, pero los magistrados le hacían muecas diciendo: «A otros ha salvado; que se salve a sí mismo, si él es el Mesías de Dios, el elegido». Se burlaban de él también los soldados, que se acercaban y le ofrecían vinagre, diciendo: Si eres tú el rey de los judíos, sálvate a ti mismo’. Había también encima de él un letrero: ‘Este es el rey de los judíos’.
Lector 2: Uno de los malhechores crucificados lo insultaba diciendo: ‘¿no eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros’. Pero el otro, respondiéndole e increpándolo, le decía: ‘¿Ni siquiera temes a tu a Dios, estando en la misma condena? Nosotros, en verdad, lo estamos justamente, porque recibimos el justo pago de lo que hicimos; en cambio, este no ha hecho nada’.
Y decía: «Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino». Jesús le dijo: ‘En verdad te digo: hoy estarás conmigo en el paraíso.’
El velo del templo se rasgó por medio. Y Jesús, clamando con voz potente, dijo: ‘Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu’. Y, dicho esto, expiró. [Se hace una pausa en silencio]
Lector 1: El centurión, al ver lo ocurrido, daba gloria a Dios diciendo:‘Realmente, este hombre era justo’. Toda la muchedumbre que había acudido a este espectáculo, habiendo visto lo que ocurría, se volvía dándose golpes de pecho. Todos sus conocidos se mantenían a distancia, y lo mismo las mujeres que lo habían seguido desde Galilea y que estaban mirando.
- pdf Celebrating At Home - Palm Sunday of the Passion of the Lord [PDF] (1.50 MB)
- default Celebrating At Home - Palm Sunday of the Passion of the Lord [ePub] (2.73 MB)
- pdf Celebrando en Familia - Domingo de Ramos Pasión de Nuestro Señor Jesucristo (250 KB)
- pdf Celebrando in Casa - Domenica delle Palme Passione di Nostro Signore Gesù Cristo (334 KB)
- pdf Celebrando em família - Domingo da Ramos Paixão de Nosso Senhor Jesus Cristo (280 KB)
Celebrando en Familia - Quinto Domingo del Tiempo de Cuaresma
Libertad y perdón
(Juan 8:1-11)
Los escribas y fariseos, para acusar a Jesús, le colocan a una mujer desventurada en medio de la multitud que está reunida para escuchar las enseñanzas de Jesús. Podemos imaginar su vergüenza cuando la acusan públicamente de adulterio. Le dicen que la ley de Moisés manda apedrear a la mujer hasta la muerte, ¿Tú qué piensas?
Jesús se inclina y se pone a escribir con el dedo en la tierra. No sabemos lo que escribe, pero desde su actitud de humildad, Jesús se las arregla tranquilamente para dar un giro a la situación.
Al principio no dice nada. Cuando los escribas y fariseos insisten en su pregunta, Jesús se limita a decir: ‘el que esté sin pecado, que le tire la primera piedra e inclinándose de nuevo, siguió escribiendo’.
Se percibe un silencio incómodo, los escribas y fariseos que antes eran acusadores, Se retiran desvanecidos. Las palabras de Jesús, les toca profundamente y les disipa tanto su dura actitud hacia la mujer como su deseo de detenerlo.
Al igual que la mujer, no son condenados por Jesús, sino que reanudan una relación correcta con él y con la mujer: ya no quieren atrapar a Jesús ni hacer daño a la mujer. Se retiran tranquilamente. Jesús perdona a la mujer y le dice que no vuelva a pecar.
Los Evangelios de los domingos anteriores eran parábolas sobre el perdón y el tierno cuidado de Dios en devolvernos la vida. En el Evangelio de hoy vemos en la práctica el generoso perdón de Dios, cuando Jesús se enfrenta a una situación humana concreta de juicio y de condena que amenazan la vida.
Estamos llamados a no ser jueces de los demás, sino practicantes de la abundante compasión y misericordia de Dios.
Un momento en silencio para la reflexión
- pdf Celebrating At Home - 5th Sunday in Lent [PDF] (2.83 MB)
- default Celebrating At Home - 5th Sunday in Lent [ePub] (2.61 MB)
- pdf Celebrando en Familia - Quinto Domingo del Tiempo de Cuaresma (241 KB)
- pdf Celebrando in Casa - V Domenica di Quaresima (247 KB)
- pdf Celebrando em família - Quinto Domingo Da Quaresma (248 KB)
Celebrando en Familia - Cuarto Domingo del Tiempo de Cuaresma
El Padre que perdona
(Lucas 15:1-3, 11-32)
Un padre rico tiene dos hijos. Muy descaradamente, el hijo menor pide la parte de la herencia que le correspondería a la muerte de su padre. Se trata de un joven que tiene lugares a donde ir y cosas que ver.
Sorprendentemente, el padre le da la mitad de su herencia, y no el tercio que le correspondía al hijo. No es de extrañar que el hijo mayor esté desanimado. El hijo menor se va y se lo pasa muy bien hasta que se le acaba el dinero. Arruinado económicamente, tiene que ganarse el sustento alimentando cerdos. Decide volver a casa, pedir perdón y ser tratado como uno de los jornaleros de la casa de su padre.
El padre espera ansiosamente al hijo cuando este regresa. Corre a abrazarlo. El hijo comienza su confesión, pero el padre no le hace caso. No lo reprende ni lo sermonea. Se niega a tratar a su hijo como un siervo y se dispone a devolverle el sitio que le corresponde en la casa con el anillo, la túnica y las sandalias. Ordena una fiesta para celebrar que su hijo está vivo y ha regresado. No es de extrañar que el hijo mayor esté enfadado y resentido.
Pero el padre se propone asegurarle que su lugar en la casa y en el afecto del padre está asegurado y le insta a reconciliarse con su hermano.
Nos quedamos con la duda de lo que finalmente ocurrió. El Evangelio ofrece no solamente la esperanza del perdón de Dios, sino la certeza del mismo.
El mensaje de hoy es: ¡Alégrate de la misericordia permanente de Dios!
- pdf Celebrating At Home - 4th Sunday in Lent [PDF] (3.97 MB)
- default Celebrating At Home - 4th Sunday in Lent [ePub] (6.97 MB)
- pdf Celebrando en Familia - Cuarto Domingo del Tiempo de Cuaresma (516 KB)
- pdf Celebrando in Casa - IV Domenica di Quaresima (510 KB)
- pdf Celebrando em família - Quarto Domingo Da Quaresma (509 KB)




















