O.Carm
Celebrando en Familia - Tercer Domingo de Pascua
Un extraño comparte su camino, sus corazones
comienzan a arder y lo reconocen
(Lc 24:13-35)
Lucas nos ha narrado una historia maravillosa: los dos discípulos de Emaús. Es otra historia de transformación personal por medio del encuentro con Jesús resucitado.
Es una historia conmovedora y que fácilmente nos podemos identificar con ella, sintiéndonos aplastados por el peso de la vida y nuestros sueños destrozados.
Ellos no creen en el testimonio de las mujeres que decían que Jesús que está vivo. Tampoco no le reconocen en el extraño que camina junto con ellos. ¿Así también nosotros, algunas veces, somos así?
¿Qué hace Jesús? Primero, les invita a compartir con él su historia, les deja hablar. Para después describirles la historia más grande de su vida, muerte y resurrección al comentar lo lo que decían de él todas las Escrituras. En otras palabras, les da una nueva perspectiva, su historia enmarcada en la gran historia del proyecto de Dios.
Su esperanza está siendo reconstruida. Sus corazones comenzaron arder mientras Jesús les hablaba por el camino. Entonces, comienzan sus corazones a inflamarse nuevamente. Cuando llegan a Emaús, Jesús hace el ademán de seguir adelante, pero ellos le rogaron que se quedara con ellos.
Sentados a la mesa, Jesús toma el pan, dice la tradicional plegaria de bendición judía (como una acción de gracia antes de la comida), parte el pan y en ese instante se le abrieron los ojos de los discípulos y lo reconocieron.
Los discípulos apenas pueden contener su alegría e inmediatamente regresan a Jerusalén, ansiosos para compartir su historia con la comunidad. No les importó viajar de noche, que, en el mundo antiguo, comportaba correr un riesgo de robo y de muerte, pero ellos no podían esperar.
De ser dos hombres tristes, deprimidos, desanimados y afligidos, se transforman en heraldos impacientes y entusiastas de buenas noticias. El encuentro con Jesús los ha transformado.
Es el mismo Jesús, que encontramos en nuestros corazones y en la Eucaristía.
Tal vez, podríamos pasar un poco más de tiempo compartiendo con Jesús nuestra historia y escuchando profundamente la suya.
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Memoria del Beato Bautista Spagnoli
17 de abril Memoria obligatoria
Nace en Mantua el 17 de abril de 1477 de padre de origen español (de aquí el apellido). Entró en los Carmelitas de Ferrara, profesando los votos religiosos en 1464. Maestro de teología en Bolonia (1475), desempeñó numerosos cargos en diversos conventos y por seis veces ejerció el oficio de Vicario General de su Congregación de reforma (llamada Mantuana) y al final de su vida fue Prior General de toda la Orden (1513-16).
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Celebrando en Familia - Segundo Domingo de Pascua
La comunidad reunida recibí, con alegría el
Espíritu Santo que la transforma
(Jn 20:19-31)
Con la resurrección del Señor, el domingo pasado, comenzó en la Iglesia la celebración de la cincuentena Pascual, que concluirá, en seis semanas, con la fiesta de Pentecostés.
Los evangelios de cada domingo de esta cincuentena serán una meditación sobre Jesús como: el Cristo resucitado, que enseña las Escrituras, comparte el pan y da la vida en toda su plenitud, porque él es el camino, la verdad y la vida, la promesa del amor de Dios.
El Evangelio de este domingo nos presenta dos historias de transformación por el encuentro con Jesús resucitado.
En la primera, Jesús se aparece a los discípulos que estaban asustados y desconcertados en una habitación con las puertas cerradas. Sus primeras palabras son: ‘La paz con vosotros’. Entonces, el miedo y el desconcierto se convierten en alegría cuando los discípulos reconocen la presencia de Jesús resucitado en medio de ellos. Pero eso no es todo, luego son enviados a ser misioneros de la paz y el perdón. Reciben el Espíritu Santo, se transforman de un grupo de personas atemorizadas, escondidos en una habitación, en personas valientes que proclaman el amor y la misericordia de Dios.
Sabemos que el miedo genera soledad y encierro en sí mismo. Lo vivimos cada día en estos momentos.
Mientras buscamos los medios para mantenernos a salvo nosotros mismos y a los demás, también, estamos tratando que nuestros corazones no se bloqueen.
En nuestra naturaleza humana encontramos algo bueno inherente en ella. Las personas están encontrando nuevas formas de cuidarse mutuamente; por ejemplo: como restaurantes de primera clase ofrecen cientos de comidas para personas pobres, ancianas o aisladas.
U otros muchos ejemplos de personas que transforman el miedo y el desconcierto en momentos de esperanza y de alegría. ¿reconocemos la presencia del Jesús resucitado en estas acciones salvíficas?
La segunda historia del Evangelio de hoy, todos la conocemos es la duda de Tomás; pero, más bien la deberíamos llamar como el Tomás creyente: la duda es solo el inicio de la historia.
Jesús no regaña ni reprende a Tomás. Si Tomas quería pruebas, solo necesitaba tocar a Jesús para sentirlo que es real. Pero Tomás no lo hace, sino que el encuentro personal con Jesús lo transforma de escéptico en creyente.
Este texto evangélico nos recuerda que la fe no consiste en creer con nuestras mentes o en la búsqueda de pruebas, sino que la fe se encuentra únicamente en nuestra relación personal con Jesús.
Quizás estos días nos brinden un poco más de tiempo para sentarnos y conversar con Jesús, para reconocerle ya presente en nuestros corazones, para dejar que nuestros miedos y dudas sean superados por el amor, para encontrar formas nuevas y creativas de transformar la oscuridad en luz, paz y alegría para los demás.
Que la nueva vida que celebramos, en esta cincuentena cincuenta pascual, nos traiga la creatividad del Espíritu que necesitamos para ser en el mundo de hoy el corazón vivo de Dios.
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Celebrando en Familia - El Domingo de Pascua
Un sepulcro vacío
La vida ha cambiado para siempre
Es presencia duradera
(Juan 20:1-9)
Cuando una persona muere, una de las cosas que sentimos es su ausencia. La habitación y los lugares donde se sentaba, cuando vivía entre nosotros, están vacías y nuestros corazones se entristecen.
Para nosotros no es una dificultad compartir la sensación de desconcierto y vacío que sintió María Magdalena cuando llegó al sepulcro. Esta es una Pascua, como nunca antes, la habíamos tenido. Sin nuestras celebraciones habituales, junto a la familia y los amigos, podemos sentir realmente un vacío.
Pero, si leyéramos los versículos subsiguientes del Evangelio de Juan, que acabamos de escuchar, nos encontraríamos con una historia rebosante de alegría, María se encuentra con Jesús, el resucitado.
Cuando ella escucha su nombre ‘María’, lo reconoce y su tristeza, su vacío, dan paso a la alegría del encuentro con Jesús.
Es una historia de transformación, cómo pueden cambiar las cosas cuando realmente nos encontramos con Jesús, el resucitado.
En cierto modo, todos estamos atrapados en nuestros sepulcros, especialmente en estos momentos, que contienen a nuestros seres queridos, nuestras experiencias de dolor, nuestros miedos y ansiedades.
Necesitamos la presencia porque experimentamos la ausencia de estar separados de nuestros seres amados y amigos.
La práctica de la presencia de Dios nos puede ayudar, recordando que estamos en su presencia, podemos hablar con él como se hablan los amigos.
Dios está en medio de nosotros, no importa lo que estemos viviendo, él está presente. Dios es nuestro constante compañero. Si experimentamos profundamente la presencia de Dios en nuestras vidas, que no solo está a nuestro lado, sino que está dentro nosotros. Entonces, los temores, las ansiedades, los dolores comenzarán a desaparecer. Y, donde había ausencia, ahora hay una presencia serena, amorosa, sanadora y nuestros sepulcros comenzaran a vaciarse dando paso a la alegría.
Con la resurrección la muerte da paso a la vida, lo imposible se convierte en posible, la ausencia se transforma en presencia.
¡Que todos vuestros sepulcros estén vacíos!
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Celebran Capítulo en la Provincia Bética, España
La Provincia Bética celebró su capítulo provincial trienal del 3 al 5 de abril de 2023 en el monasterio carmelita de Osuna, a 90 km de Sevilla, España.
La Provincia Bética fue erigida el 26 de febrero de 1499 por bula del Papa Alejandro VI. Se estableció a partir de las casas desmembradas de la Provincia de Castilla. En 1835, las autoridades civiles cerraron todas las casas. La restauración comenzó cuando se restableció la casa carmelita de Jerez de la Frontera el 10 de abril de 1880.
En 1889 se erigió una Provincia de España, pero en 1906 se dividió en la Provincia de Arago-Valencia y la Provincia Bética. Sin embargo, a partir de 1894, los carmelitas de la Provincia de España trabajaron en la restauración de las Provincias de Río de Janeiro y Pernambuco, en Brasil. El trabajo en Bahía continuó incluso después de la división de 1906. De 1925 a 1939, los miembros de la Provincia Bética trabajaron para reconstruir la Provincia Polaca y, de 1930 a 1954, el Carmelo en Portugal. En 1954, la provincia estableció la orden en Venezuela y Colombia, convirtiéndose en Comisaría Provincial. En 1974-1978 se cerraron las casas de Colombia. En 2000, los miembros fueron a Burkina Faso en África para establecer el Carmelo.
Los siguientes miembros fueron elegidos para el liderazgo:
Provincial | Provincial | Provinciale
P. David Del Carpio Horcajo, O. Carm.
1st Councilor | 1er Consejero | 1o Consigliere
P. Alejandro Peñalta Mohedano, O. Carm.
2nd Councilor | 2do Consejero | 2o Consigliere
P. José Manuel Granados Rivera, O. Carm.
3rd Councilor | 3er Consejero | 3o Consigliere
P. Francisco Daza Valverde, O. Carm.
4th Councilor | 4to Consejero | 4o Consigliere
P. José Ramón Medina Madueño, O. Carm.
Commissary Provincial of Venezuela | Comisario Provincial de Venezuela | Commissario Provinciale del Venezuela
P. Alexio Ordóñez Añez, O. Carm.
Vitam Coelo Reddiderunt
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Ortus |
P. Temp |
P. Soll. |
Ord. |
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05-03-23 |
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11-03-23 |
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20-03-23 |
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02-04-23 |
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Celebran el Capítulo Provincial de Cataluña, España
Durante el Capítulo Provincial de la Provincia de Cataluña, celebrado en Olot del 29 al 31 de marzo, se confirmó el liderazgo para los próximos tres años.
Las fundaciones más antiguas de la provincia catalana datan de mediados del siglo XIII. Perpiñán data de alrededor de 1265 y Narbona de 1321 formaban parte de la Provincia de España. Esta se conoció también como Provincia de Aragón, ya que la mayoría de las casas estaban situadas en los reinos o territorios de la llamada "Corona de Aragón". En 1336 se estableció el Vicariato de Perpiñán que tres años más tarde pasó a llamarse «Perpiniani et Maioricarum». En 1342 se erigió en provincia con el nombre de Mallorca y a partir de 1354 pasó a llamarse Provincia de Cataluña.
En 1580, tres casas situadas en Cerdeña se unieron a la Provincia de Cataluña, pero esa unión solo duró unos años. En 1835 todas las casas de la Provincia de Cataluña fueron suprimidas por las autoridades civiles. La restauración de la "Provincia de España" comenzó a finales del siglo XIX con la ayuda sobre todo de Mallorca. En 1906 se dividió en Provincia Bética y Arago-Valencia. En 1932 se creó el Comisariado General de Cataluña y en 1950 volvió a ser provincia.
Antes de la restauración de la provincia, los miembros participaron en la restauración de las Provincias de Río de Janeiro, Bahía y Pernambuco en Brasil y de la Provincia Polaca. Los miembros de la provincia también han trabajado para establecer la Orden en Puerto Rico y Venezuela.
Fueron elegidos para el liderazgo:
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Provincial | Provincial | Provinciale
P. Javier Domingo Garmón Calvo, O. Carm.
1st Councilor | 1er Consejero | 1o Consigliere
Fr. Joan Güell i Casademont, O. Carm.
2nd Councilor | 2do Consejero | 2o Consigliere
P. Nicolás Carrizalez Castillo, O. Carm.
3rd Councilor | 3er Consejero | 3o Consigliere
P. Onesimus Muthini Muthoka, O. Carm.
4th Councilor | 4to Consejero | 4o Consigliere
P. Manuel Bonilla Gutiérrez, O. Carm.
Descripción de la foto:El Provincial y nuevo Consejo provincial: (de izquierda a derecha) Nicolás Carrizalez, Joan Güell, Míceál O'Neill, Javier Garmón, Manuel Bonilla, Richard Byrne (falta Onesimus Muthini).
Celebrando en Familia - El Viernes Santo
Pasión de nuestro Señor Jesucristo
(Juan 18:1 - 19:42)
Pasión de nuestro Señor Jesucristo según San Juan
Jesús salió con sus discípulos al otro lado del torrente Cedrón, donde había un huerto, y entraron allí él y sus discípulos. Judas, el traidor, conocía también el sitio, porque Jesús se reunía allí a menudo con sus discípulos. Judas entonces, tomando la patrulla y unos guardias de los sumos sacerdotes y de los fariseos, entró allá con faroles, antorchas y armas. Jesús, sabiendo todo lo que venía sobre él, se adelantó y les dijo: ‘¿A quién buscáis?’ Le contestaron: ‘A Jesús el Nazareno’. Les dijo Jesús: ‘Yo soy’. Estaba también con ellos Judas el traidor. Al decirles ‘Yo soy’, retrocedieron y cayeron a tierra. Les preguntó otra vez: ‘¿A quién buscáis?’ Ellos dijeron: ‘A Jesús el Nazareno’. Jesús contestó: ‘Os he dicho que soy yo. Si me buscáis a mí, dejad marchar a éstos’. Y así se cumplió lo que había dicho: ‘No he perdido ninguno de los que me diste’.
Entonces Simón Pedro, que llevaba una espada, la sacó e hirió al criado del sumo sacerdote, cortándole la oreja derecha. Este criado se llamaba Malco. Dijo entonces Jesús a Pedro: ‘Mete la espada en la vaina. El cáliz que me ha dado mi Padre ¿no lo voy a beber?’
Silencio y pausa para la reflexión
La patrulla, el tribuno y los guardias de los judíos prendieron a Jesús, lo ataron y lo llevaron primero a Anás, porque era suegro de Caifás, sumo sacerdote aquel año, el que había dado a los judíos este consejo: ‘Conviene que muera un solo hombre por el pueblo’.
Simón Pedro y otro discípulo seguían a Jesús. Ese discípulo era conocido del sumo sacerdote y entró con Jesús en el palacio del sumo sacerdote, mientras Pedro se quedó fuera, a la puerta. Salió el otro discípulo, el conocido del sumo sacerdote, habló a la portera e hizo entrar a Pedro. La portera dijo entonces a Pedro: ‘¿No eres tú también de los discípulos de ese hombre?’ El dijo: ‘No lo soy’. Los criados y los guardias habían encendido un brasero, porque hacía frío, y se calentaban. También Pedro estaba con ellos de pie, calentándose.
El sumo sacerdote interrogó a Jesús acerca de sus discípulos y de la doctrina. Jesús le contestó: ‘Yo he hablado abiertamente al mundo: yo he enseñado continuamente en la sinagoga y en el templo, donde se reúnen todos los judíos, y no he dicho nada a escondidas. ¿Por qué me interrogas a mí? Interroga a los que me han oído, de qué les he hablado. Ellos saben lo que he dicho yo’. Apenas dijo esto, uno de los guardias que estaba allí le dio una bofetada a Jesús, diciendo: ‘¿Así contestas al sumo sacerdote?’. Jesús respondió: ‘Si he faltado en el hablar, muestra en qué he faltado; pero si he hablado como se debe, ¿por qué me pegas’. Entonces Anás lo envió a Caifás, sumo sacerdote.
Simón Pedro estaba de pie, calentándose, y le dijeron: ‘No eres tú también de sus discípulos?’ Él lo negó diciendo: ‘No lo soy’. Uno de los criados del sumo sacerdote, pariente de aquel a quien Pedro le cortó la oreja, le dijo: ‘¿No te he visto yo con él en el huerto?’ Pedro volvió a negar, y en seguida cantó un gallo.
Silencio y pausa para la reflexión
Llevaron a Jesús de casa de Caifás al Pretorio. Era el amanecer y ellos no entraron en el Pretorio para no incurrir en impureza y poder así comer la Pascua. Salió Pilato afuera, adonde estaban ellos, y dijo: ‘¿Qué acusación presentáis contra este hombre?’ Le contestaron: ‘Si éste no fuera un malhechor no te lo entregaríamos’. Pilato les dijo: ‘Lleváoslo vosotros y juzgadlo según vuestra ley’. Los judíos le dijeron: ‘No estamos autorizados para dar muerte a nadie’. Y así se cumplió lo que había dicho Jesús, indicando de qué muerte iba a morir. Entró otra vez Pilato en el Pretorio, llamó a Jesús y le dijo: ‘¿Eres tú el rey de los judíos?’. Jesús le contestó: ‘¿Dices eso por tu cuenta o te lo han dicho otros de mí?’ Pilato replicó: ‘¿Acaso soy yo judío? Tu gente y los sumos sacerdotes te ha entregado a mí; ¿qué has hecho?’ Jesús le contestó: ‘Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, mi guardia habría luchado para que no cayera en manos de los judíos. Pero mi reino no es de aquí’. Pilato le dijo: ‘Conque ¿tú eres rey?’ Jesús le contestó: ‘Tú lo dices: Soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo; para ser testigo de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz’. Pilato le dijo: ‘Y, ¿qué es la verdad?’ Dicho esto, salió otra vez donde estaban los judíos y les dijo: ‘Yo no encuentro en El ninguna culpa. Es costumbre entre vosotros que por Pascua ponga a uno en libertad. ¿Queréis que os suelte al rey de los judíos’ Volvieron a gritar: ‘A ése no, a Barrabás’. El tal Barrabás era un bandido.
Entonces Pilato tomó a Jesús y lo mandó azotar.
Y los soldados trenzaron una corona de espinas se la pusieron en la cabeza y le echaron por
encima un manto color púrpura; y, acercándose a Él, le decían: ‘¡Salve, rey de los judíos!’ Y le daban bofetadas.
Silencio y pausa para la reflexión
Pilato salió otra vez afuera y les dijo: ‘Mirad, os lo saco afuera, para que sepáis que no encuentro en él ninguna culpa’. Y salió Jesús afuera, llevando la corona de espinas y el manto color púrpura. Pilato les dijo: ‘Aquí lo tenéis’ Cuando lo vieron los sacerdotes y los guardias gritaron: ‘¡Crucifícalo, crucifícalo!’ Pilato les dijo: ‘Lleváoslo vosotros y crucificadlo, porque yo no encuentro culpa en él’. Los judíos le contestaron: ‘Nosotros tenemos una ley, y según esa ley tiene que morir, porque se hadeclarado Hijo de Dios’. Cuando Pilato oyó estas palabras, se asustó aún más y, entrando otra vez en el Pretorio, dijo a Jesús: ‘¿De dónde eres tú?’. Pero Jesús no le dio respuesta. Y Pilato le dijo: ‘¿A mí no me hablas? ¿No sabes que tengo autoridad para soltarte y autoridad para crucificarte?’. Jesús le contestó: ‘No tendrías ninguna autoridad sobren mí si no te la hubieran dado de lo alto. Por eso el que me ha entregado a ti tiene un pecado mayor.’
Desde este momento Pilato trataba de soltarlo, pero los judíos gritaban: ‘Si sueltas a ése, no eres amigo del César. Todo el que se declara rey está contra el César’. Pilato entonces, al oír estas palabras, sacó afuera a Jesús y lo sentó en el tribunal, en el sitio quellaman ‘El Enlosado’ (en hebreo Gábbata). Era el día de la Preparación de la Pascua, hacia el mediodía. Y dijo Pilato a los judíos: ‘Aquí tenéis a vuestro Rey’. Ellos gritaron: ‘¡Fuera, fuera; crucifícalo!’ Pilato les dijo: ‘¿A vuestro rey voy a crucificar?’ Contestaron los sumos sacerdotes: ‘No tenemos más rey que al César’. Entonces se lo entregó para que lo crucificaran.
Silencio y pausa para la reflexión
Tomaron a Jesús, y él, cargando con la cruz, salió al sitio llamado ‘de la Calavera’ (que en hebreo se dice Gólgota), donde lo crucificaron; y con El a otros dos, uno a cada lado, y en medio Jesús y con El a otros dos, uno a cada lado, y en medio Jesús.
Y Pilato escribió un letrero y lo puso encima de la cruz; en él estaba escrito: «Jesús el Nazareno, el rey de los judíos». Leyeron el letrero muchos judíos, porque estaba cerca el lugar donde crucificaron a Jesús y estaba escrito en hebreo, latín y griego. Entonces los sumos sacerdotes de los judíos le dijeron a Pilato: ‘No escribas ‘El rey de los judíos’, sino “Este ha dicho: Soy el rey de los judíos”. Pilato les contestó: ‘Lo escrito, escrito está.’
Los soldados, cuando crucificaron a Jesús, cogieron su ropa, haciendo cuatro partes, una para cada soldado, y apartaron la túnica. Era una túnica; sin costura, tejida toda de una pieza de arriba abajo. Y se dijeron: ‘No la rasguemos, sino echemos a suerte, a ver a quien le toca.’ Así se cumplió la Escritura: ‘Se repartieron mis ropas y echaron a suerte mi túnica’. Esto hicieron los soldados.
Junto a la cruz de Jesús estaba su madre, la hermana de su madre, María, la de Cleofás, y María, la Magdalena. Jesús, al ver a su madre y cerca al discípulo que tanto quería, dijo su madre: ‘Mujer, ahí tienes a tu hijo’. Luego dijo al discípulo: ‘Ahí tienes a tu madre’. Y desde aquella hora, el discípulo la recibió en su casa.
Después de esto, sabiendo Jesús que todo había llegado a su término, para que se cumpliera la Escritura dijo: ‘Tengo sed’. Había allí un jarro lleno de vinagre. Y, sujetando una esponja empapada en vinagre a una caña de hisopo, se la acercaron a la boca. Jesús, cuando tomó el vinagre, dijo: ‘Está cumplido’. E, inclinando la cabeza, entregó el espíritu.
Silencio y pausa para la reflexión
Los judíos entonces, como era el día de la Preparación, para que no se quedaran los cuerpos en la cruz el sábado, porque aquel sábado era un día solemne, pidieron a Pilato que les quebraran las piernas y que los quitaran. Fueron los soldados, le quebraron las piernas al primero y luego al otro que habían crucificado con él; pero al llegar a Jesús, viendo que ya había muerto, no le quebraron las piernas, sino que
uno de los soldados, con la lanza, le traspasó el costado, y al punto salió sangre y agua. El que lo vio da testimonio y su testimonio es verdadero, y él sabe que dice verdad, para que también vosotros creáis. Esto ocurrió para que se cumpliera la Escritura: No le quebrarán un hueso; y en otro lugar la Escritura dice: Mirarán al que atravesaron.
Después de esto, José de Arimatea, que era discípulo clandestino de Jesús por miedo a los judíos, pidió a Pilato que le dejara llevarse el cuerpo de Jesús. Y Pilato lo autorizó. Él fue entonces y se llevó el cuerpo. Llegó también Nicodemo, el que había ido a verlo de noche, y trajo unas cien libras de una mixtura de mirra y áloe. Tomaron el cuerpo de Jesús y lo vendaron todo, con los aromas, según se acostumbra a enterrar entre los judíos. Había un huerto en el sitio donde lo crucificaron, y en el huerto sepulcro nuevo donde nadie había sido enterrado todavía. Y como para los judíos era el día de la Preparación, y el sepulcro estaba cerca, pusieron allí a Jesús.
Silencio y pausa para la reflexión
Celebrando en Familia - El Jueves Santo
Lavatorio de los pies
Compartir el pan y el vino: el amor manifestado en el servicio
Esta noche recordamos el mandato de Jesús: amarnos los unos a los otros, lavarnos mutuamente los pies y compartir el pan de su propia vida, no solo en la mesa, sino también en el altar de la Cruz para la curación y alimento del mundo.
La liturgia de la Jueves Santo es una meditación acerca del vínculo íntimo entre la Eucaristía y el amor cristiano manifestado en el servicio mutuo. Cristo está presente no solo en la Eucaristía sino también en los actos amorosos ofrecidos a los otros a través de nuestra persona.
Hacemos presente la presencia ‘real’ de Jesús en cada sonrisa, en cada palabra amable y en cada acción amorosa.
Celebrando en Familia - Domingo de Ramos
El amor revelado
(Mateo 27:11-54)
Pasión de Nuestro Señor Jesucristo según San Mateo
Mateo presenta la pasión, no como un acto espantoso, sino como el medio de la salvación. La cruz forma parte del plan de Dios, no es un trágico error.
Al hacerse de día, todos los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo se reunieron para preparar la condena a muerte de Jesús Y, atándolo, lo llevaron y lo entregaron a Pilato, el gobernador y le preguntó: ‘¿Eres tú el rey de los judíos?’. Jesús respondió: ‘Tú lo dices’. Y, mientras lo acusaban, los sumos sacerdotes y los ancianos no contestaba nada. Entonces Pilato le preguntó: ‘¿No oyes cuántos cargos presentan contra ti?’. Como no contestaba a ninguna pregunta, el gobernador estaba muy extrañado.
Por la fiesta, el gobernador solía liberar un preso, el que la gente quisiera. Tenía entonces un preso famoso, llamado Barrabás. Cuando la gente acudió, dijo Pilato: ‘¿A quién queréis que os suelte, a ¿Barrabás o a Jesús, a quien llaman el Mesías?’
Pero los sumos sacerdotes y los ancianos convencieron a la gente para que pidieran la libertad de Barrabás y la muerte de Jesús. El gobernador preguntó: ‘¿A cuál de los dos queréis que os suelte?’. Ellos dijeron: ‘A Barrabás’. Pilato les preguntó: ‘¿Y qué hago con Jesús, llamado el Mesías?’. Contestaron todos: ‘Sea crucificado’. Pilato insistió: ‘Pues, ¿qué mal ha hecho?’. Pero ellos gritaban, más fuerte: ‘¡Sea crucificado!’
Al ver Pilato que todo era inútil y que, al contrario, se estaba formando un tumulto, tomó agua y se lavó las manos ante la gente, diciendo:
‘¡Soy inocente de esta sangre! ¡Allá vosotros!’. Todo el pueblo contestó: ‘¡Caiga su sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos!’. Entonces les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de azotarlo, lo entregó para que lo crucificaran.
Entonces los soldados del gobernador se llevaron a Jesús al pretorio y reunieron alrededor de él a toda la cohorte: lo desnudaron y le pusieron un manto color púrpura y, trenzando una corona de espinas, se la ciñeron a la cabeza y le pusieron una caña en la mano derecha.
Y, doblando ante él la rodilla, se burlaban de él diciendo: ‘¡Salve, rey de los judíos!’. Luego le escupían, le quitaban la caña y le golpeaban con ella la cabeza. Y, terminada la burla, le quitaron el manto, le pusieron su ropa y lo llevaron a crucificar.
Al salir, encontraron a un hombre de Cirene, llamado Simón, y lo forzaron a llevar su cruz. Cuando llegaron al lugar llamada Gólgota (que quiere decir lugar de ‘la Calavera’), le dieron a beber vino mezclado con hiel; él lo probó, pero no quiso beberlo. Después de crucificarlo, se repartieron su ropa echándola a suertes y luego se sentaron a custodiarlo.
Encima de la cabeza colocaron un letrero con la acusación: ‘Este es Jesús, el rey de los judíos’. Crucificaron con él a dos bandidos, uno a la derecha y otro a la izquierda.
Los que pasaban, lo injuriaban, y, meneando la cabeza, decían: ‘Tú que destruyes el templo y lo reconstruyes en tres días, sálvate a ti mismo; si eres Hijo de Dios, baja de la cruz’.
Igualmente, los sumos sacerdotes con los escribas y los ancianos se burlaban también diciendo: ‘A otros han salvado y él no se puede salvar. ¡Es el Rey de Israel!, que baje ahora de la cruz y le creeremos Confió en Dios, que lo libre se es que lo ama, pues dijo: ‘Soy Hijo de Dios’.
De la misma manera los bandidos que estaban crucificados con él lo insultaban.
Desde la hora sexta hasta la hora nona vinieron tinieblas sobre toda la tierra. A la hora nona, Jesús gritó con voz potente: ‘Elí, Elí, ¿lemá sabaqtani?’. (Es decir: ‘Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?’.
Al oírlo algunos de los que estaban allí dijeron: ‘Está llamando a Elías». En seguida uno de ellos fue corriendo, cogió una esponja empapada en vinagre y, sujetándola en una caña, le dio de beber. Los demás decían: ‘Dejadlo, a ver si viene Elías a salvarlo’. Jesús, gritando de nuevo con voz potente exhaló el espíritu.
[Todos se arrodillan, y se hace una pausa]
Entonces el velo del templo se rasgó en dos de arriba abajo; la tierra tembló, las rocas se resquebrajaron, las tumbas se abrieron y muchos cuerpos de santos que habían muerto resucitaron y, saliendo de las tumbas después que él resucitó, entraron en la ciudad santa y se aparecieron a muchos.’
El centurión y sus hombres, que custodiaban a Jesús, al ver el terremoto y lo que pasaba, dijeron aterrorizados: ‘Verdaderamente este era Hijo de Dios’.
Momento de silencio para la reflexión
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