O.Carm
Vitam Coelo Reddiderunt
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11-06-24 |
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Celebrando en Familia - XXIX Domingo del Tiempo Ordinario
Servidores, no amos
(Marcos 10:35-45)
¡Ya están otra vez! Se puede perdonar que uno se pregunte cuán lentos son los discípulos para entender el mensaje de Jesús. Durante semanas les ha estado hablando acerca del Reino de Dios y de la conversión del corazón necesaria para que sean sus discípulos.
El episodio del Evangelio de este domingo muestra que, una vez más, no lo entienden. Esta vez se trata de Santiago y Juan, que junto con Pedro forman el ‘círculo íntimo’, el grupo de discípulos más cercanos a Jesús. Santiago y Juan piden los puestos de honor más altos cuando Jesús llegue a su ‘gloria’.
Aunque entienden que Jesús es el Mesías, no entienden qué tipo de Mesías es y qué tipo de Reino está trayendo. Mientras Jesús continúa hablando acerca del camino que seguirá su propia vida a través del sufrimiento, la muerte y la resurrección, los discípulos están tan centrados en sí mismos que ignoran sus palabras.
En lugar de dejar de lado la impetuosa petición de Santiago y Juan, Jesús intenta atraerlos más profundamente al insinuar el camino del verdadero discipulado. Utilizando dos motivos bíblicos, el cáliz (el destino que le espera a una persona) y el bautismo (no el sacramento, sino la idea de que pasar por las pruebas y los peligros es como atravesar aguas tormentosas y turbulentas), Jesús les pregunta si realmente pueden comprometerse a compartir su vida y su misión. Sin dudarlo, dicen: ‘podemos’, y Jesús afirma que lo harán. Pero, en cuanto a los puestos de honor, estos los debe asignar el Padre.
Los otros diez discípulos han estado cerca, escuchando la conversación entre Jesús, Santiago y Juan. Se indignan al oír su petición de ser los primeros y reclamar los puestos de honor para ellos -sin duda, ¡les hubiera gustado hacer lo mismo!
Jesús aprovecha la oportunidad para decirles, una vez más, que la verdadera grandeza en el Reino de Dios reside en el servicio abnegado a la humanidad.
La autoridad en medio del pueblo de Cristo no debe ejercerse ‘señoreando’ a los otros ni utilizando los cargos y capacidades para fines egoístas. La autoridad debe estar siempre al servicio y en beneficio de los demás. Los discípulos están llamados a ser servidores, no amos. A medida que seguimos a Jesús a través del Evangelio, vemos que su autoridad sobre los demonios, la enfermedad y la muerte, así como sus enseñanzas, siempre traen consigo la liberación, restauran la salud y la integridad y ponen a los demás en armonía con Dios y con el prójimo.
Ese es el modelo que a los discípulos que sigan. El único modo de entrar en la ‘gloria’ de Jesús es seguirle en el servicio abnegado a la humanidad, como quien entrega su vida en rescate por muchos.
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S. Teresa de Jesús, Virgen y Doctora de la Iglesia
15 de Octubre | Fiesta
Teresa está entre las figuras más relevantes de la mística católica de todos los tiempos. Sus obras - especialmente las cuatro más conocidas (Vida, Camino de Perfección, Moradas y Fundaciones) - junto con sus obras de carácter más histórico, contienen una doctrina que abraza toda la vida del alma, desde los primeros pasos hasta la intimidad con Dios en el centro del Castillo Interior. Su cartas, además, nos la muestran absorbida por los problemas más variados de cada día y de cada circunstancia. Su doctrina sobre la unión del alma con Dios (doctrina vivida por ella íntimamente) está en la línea de la del Carmelo que la ha precedido y que ella ha contribuido de manera notable a enriquecer, y que ha transmitido no sólo a los hermanos, hijos e hijas espirituales, sino a toda la Iglesia, a la que sirvió sin escatimar esfuerzos. Al morir su alegría fue la de poder afirmar: "muero como hija de la Iglesia".
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En noviembre, Edizioni Carmelitane lanzará una nueva publicación muy oportuna del renombrado autor filipino Macario Ofilada Mina, A Spirituality of Truth: Philosophical Explorations of St. Teresa of Jesus.
Mientras tanto, para saber más sobre la vida de Santa Teresa y su obra y legado, sugerimos la lectura de los siguientes libros de Edizioni Carmelitane Sermones en honor de Santa Teresa de Jesús, El hogar de Santa Teresa: En torno al estado del Carmelo español en tiempos de la Santa y La reforma del Carmelo español: La visita canónica del general Rubeo y su encuentro con Santa Teresa (1566-1567).
Para consultar ésta y otras muchas excelentes publicaciones de Edizioni Carmelitane, haga clic aquí.
Celebrando en Familia - XXVIII Domingo del Tiempo Ordinario
Nada es imposible para Dios
(Marcos 10:17-27)
En la tradición judía, la riqueza era vista como una bendición de Dios y la persona rica como especialmente bendecida por Dios. Junto con la idea de la bendición y el favor divino venía una obligación divina (a menudo ignorada): el cuidado de los pobres de Dios.
A medida que se desarrolla la conversación entre el hombre rico y Jesús, vemos que es un hombre bueno y recto. Los mandamientos que Jesús enuncia son aquellos que tienen que ver con el trato que uno da a los demás. El hombre rico dice que siempre los ha cumplido.
El amor y el afecto de Jesús por el hombre reconocen sus genuinos esfuerzos por vivir de acuerdo con los mandamientos. Este amor da paso a la llamada al discipulado: «Solo una cosa te falta. Ve, vende todo lo que tienes, da el dinero a los pobres, y así tendrás un tesoro en el cielo. Después, ven y sígueme». Jesús quiere que este hombre sea su seguidor. Le invita a pasar de un modo de vida centrado en la Torá (la ley judía) a un modo de vida totalmente centrado en Jesús.
Cuando el hombre se acerca por primera vez a Jesús, le pregunta qué más tiene que hacer para heredar la vida eterna sin dejar de mantener la dirección actual desuvida.AloqueJesúsleinvitaesala transformación total de su vida, a ir en una nueva dirección. Jesús le está invitando a un cumplimiento aún más radical de sus obligaciones con el prójimo, vendiendo todo lo que tiene, dando las ganancias a los pobres y convirtiéndose en seguidor de Jesús.
Lamentablemente, el hombre rico no puede dar este paso. Está atrapado y controlado por sus posesiones y no puede dejarlas para entrar en una compañía alegre y vivificante con Jesús.
Cuando Jesús habla de lo difícil que es para un rico entrar en el reino de Dios, los discípulos se quedan asombrados. Ellos también piensan que la riqueza y las posesiones son un signo del favor y la bendición de Dios. Jesús insiste en que ‘más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja que un rico entrar en el Reino de Dios’. Los discípulos están aún más sorprendidos y concluyen que si los ricos no pueden entrar en el reino, ¿qué esperanza tenemos los demás?
La respuesta de Jesús a los discípulos nos dice claramente que si confiamos en los recursos y medios humanos es imposible encontrar la salvación. Pero si confiamos en Dios, entonces podemos ser salvados: el Dios bueno y bondadoso que da el Reino como un don puro e inmerecido.
A veces, las mismas cosas que amamos, en las que encontramos nuestra seguridad y en las que depositamos nuestra confianza, pueden convertirse en nuestra ruina y en un obstáculo en nuestro camino hacia el Reino.
La respuesta de Jesús acerca de Dios, que puede hacer lo imposible, es también una garantía de que Dios está dispuesto a caminar con nosotros, a ayudarnos a encontrar el camino para que nuestros corazones dejen de depender de nosotros mismos y de los bienes humanos y pasen a confiar en el amor y la compañía de Dios.
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Capítulo General de las Carmelitas en Caracas
Capítulo General de las Hermanas Carmelitas de Madre Candelaria celebrado en Caracas
Del 30 de agosto al 6 de septiembre de 2024, la Congregación de las Hermanas Carmelitas de Madre Candelaria celebró su XVII Capítulo General. El tema elegido fue «Caminando juntos en comunión, participación y misión».
El Capítulo General se celebró en la casa generalicia de Caracas-DC, Venezuela, con la participación de 31 hermanas de las comunidades de la congregación en Venezuela, Bolivia y Brasil.
Tras una semana previa de ejercicios espirituales, los días capitulares se dedicaron a reflexionar sobre la experiencia de consagración religiosa en el instituto. Se llegó a un acuerdo sobre las líneas de acción a seguir para promover la comunión fraterna y la vitalidad espiritual y apostólica de la congregación.
La Familia Carmelita celebrará los 100 años de agregación de la congregación a la Orden Carmelita el 25 de marzo de 2025.
El XVII Capítulo General también eligió a las hermanas que formarán el gobierno general de la congregación durante el sexenio 2024-2030:
General Superior | Superiora General | Superiore generale:
Hna. M. Luisa América Córdova Cova
1st Councilor | 1ª Consejera | 1ª Consigliera:
Hna. Carmen Moreno García
2nd Councilor | 2ª Consejera | 2ª Consigliera:
Hna. Ana María Montilla
3rd Councilor | 3ª Consejera | 3ª Consigliera:
Hna. Yaritza Jackeline Rujano Durán
4th Councilor | 4ª Consejera | 4ª Consigliera:
Hna. Yusmilat Emenencio
Celebrando en Familia - XXVII Domingo del Tiempo Ordinario
Un amor bondadoso y generoso
(Marco 10:2-16)
Sin duda, a muchos les resultará difícil leer el Evangelio de este domingo.
Uno de los grandes temas del Evangelio de Marcos es que, en Jesús, todas las cosas están siendo restauradas al propósito originario de Dios. Eso nos da un poco de contexto para las palabras de Jesús.
Entre los eruditos y los rabinos judíos de la época de Jesús solía haber un intenso debate sobre los motivos del divorcio permitidos por la ley judía (Deuteronomio 24,1). Como recuerda el Evangelio, un hombre podía redactar una ‘acta de despido’, dársela a su mujer y se les consideraría divorciados. Al menos una línea de pensamiento permitía al marido hacer esto por casi cualquier razón. En cierto modo, la cédula era una especie de protección para la mujer, para que no fuera acusada de infidelidad.
Cuando los fariseos se acercan a Jesús, parece que ya están al tanto de sus enseñanzas sobre el divorcio y pueden estar poniéndolo a prueba para que diga algo en contra de Moisés y la Ley. Algo que pudieran utilizar contra él.
Sin embargo, Jesús no habla de la Ley, sino de la intención originaria de Dios para el matrimonio, usando citas del Libro del Génesis.
Las palabras de Jesús dejan claro que el matrimonio forma parte del diseño de Dios para los seres humanos. La rica imagen del marido que se siente tan atraído por su mujer que deja su casa y su familia y los dos se convierten en ‘un solo cuerpo’ implica un gran amor, calor, intimidad y compañía. Cuando Dios une así a los seres humanos, el hombre no debe separarlos.
Más tarde, los discípulos interrogan a Jesús sobre su enseñanza. Es importante entender que la respuesta de Jesús se refiere a una situación en la que una de las partes del matrimonio se divorcia de la otra para casarse con otra persona. No se refiere a una persona que huye de una relación abusiva o que ha fracasado por alguna otra razón. Por lo tanto, es importante no tomar estas palabras de Jesús y utilizarlas como un juicio sobre aquellos que se han divorciado, o que se han vuelto a casar algún tiempo después.
También vale la pena recordar que la propia Iglesia tiene un proceso para ayudar a las personas cuyos matrimonios fracasan, a menudo permitiéndoles casarse de nuevo.
La respuesta que da Jesús reconoce al marido y a la mujer como compañeros iguales en el matrimonio. Según Jesús, ya no está permitido que el marido se divorcie de su mujer ‘porque encuentre algo desagradable en ella’ (Dt 24,1) y tampoco puede hacerlo la mujer. Jesús hace lo mismo en la siguiente historia sobre los niños pequeños. Cuando la gente (probablemente sus madres) lleva a los niños pequeños a Jesús para que los bendiga, los discípulos, actuando como cuidadores, los espantan. Una vez más, los discípulos se equivocan y Jesús los reprende. Parece que ya han olvidado la enseñanza de Jesús en el Evangelio de la semana pasada sobre la acogida del niño pequeño.
Jesús asombra a los discípulos insistiendo en que el Reino de Dios pertenece a quienes lo acogen como niños pequeños, que abrazan de corazón el Reino como un puro regalo de un Dios bondadoso. El Reino no se puede ganar, ni comprar, ni negociar. Es nuestro para que lo tomemos. Todo lo que necesitamos es la conversión del corazón para creer en un Dios que es tan bueno y tan bondadoso como para darnos el Reino gratuitamente y sin medida. En las dos partes del Evangelio de hoy, Jesús enseña que las mujeres casadas no deben ser tratadas como posesiones u objetos, sino con dignidad y respeto. Además de recordar la intención inicial de Dios sobre el matrimonio, Jesús también recuerda la intención inicial de Dios sobre el trato a otras personas, incluidas las que se consideran de menor importancia o sin importancia.
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Concluye el Congreso de Laicos Carmelitas en Roma
El Congreso de Laicos Carmelitas se realizó en Roma del 15 al 21 de septiembre de 2024 para debatir sobre la formación, el servicio, la fraternidad y la oración
El centro carmelita de retiros Il Carmelo, situado en Sassone, Italia, acogió a 200 miembros de los Laicos Carmelitas de 30 naciones para una semana de conferencias y compartir experiencias acerca de la formación, el servicio, la fraternidad y la oración en sus vidas y en sus comunidades locales. El tema del Congreso fue Carmelitas Laicos: Llamados a encender el mundo.
Desde el 15 de octubre de 2023 hasta el 25 de marzo de 2024, las comunidades locales reflexionaron un cuestionario, enviado por el Secretariado Internacional del Laicado. Se recibieron un total de 643 respuestas de los cinco continentes. Con este estas respuestas se elaboró un Instrumentum Laboris, un documento preparatorio que orientó los debates del Congreso.
En una fase posterior, se llevó a cabo el Congreso en Sassone. Los laicos carmelitas, además de las ponencias y el compartir experiencias, tuvieron la oportunidad de compartir en las comidas y en el tiempo libre, así como participar en la audiencia papal y visitar la ciudad de Roma.
La tercera fase consistirá en aplicar algunas de las ideas planteadas en el Congreso y presentar algunas propuestas al Capítulo General del Orden que se llevará a cabo en el año 2025.
Al tratar el tema del Congreso, este está de acuerdo con el énfasis del Papa Francisco sobre la necesidad de apertura de nuestra Iglesia; de salir hacia los demás para llegar a las periferias humanas. Un participante expresó: «Queremos resaltar que somos misión, un laicado en acción, que buscamos salir de nosotros mismos y de la comodidad de nuestras comunidades, ponernos en camino (…) el amor de Dios, a ejemplo del Profeta Elías nos quema el corazón y nos impulsa a compartir ese amor con los demás para cambiar el mundo».
Luis José Maza Subero, consejero general, quien ejerce la función de enlace entre el Consejo General y el Secretariado Internacional del Laicado Carmelita, expresó lo siguiente en el clausurado del Congreso: La Orden del Carmen está promoviendo el papel del laico, una muestra fue este Congreso, en el cual nuestros laicos se expresaron en la ponencia final. «Nuestra Orden tiene mucho que ofrecer al mundo, como carmelitas hemos podido vivir este Congreso como una experiencia transformadora, volvemos diferentes de cómo vinimos, la oración y la fraternidad compartida nos da fuerzas para la misión; hemos comprobado cómo el Espíritu en nuestra diversidad, actúa y nos impulsa a seguir adelante. No estamos construyendo para hoy. No estamos trabajando para mañana. Estamos forjando un camino para la eternidad».
Edizioni Carmelitane está preparando un libro con las ponencias y otros materiales del Congreso, para poner las ideas presentadas durante la semana a disposición de quienes no pudieron asistir, así como de quienes se interesan por las últimas novedades de las comunidades laicales carmelitas.
Fiesta de Santa Teresa de Lisieux
Con ocasión de la fiesta de Santa Teresa de Lisieux, la Oficina de Comunicación se complace en presentar tres reflexiones sobre su vida y su doctrina, a cargo del P. Giampiero Molinari, miembro de la Provincia italiana. Estas tres conferencias formaban parte del programa de formación permanente para la región europea. La primera conferencia se impartió en octubre de 2023, 150 aniversario del nacimiento de la santa y centenario de su beatificación por el Papa Pío XI. La tercera y última conferencia se impartió el 20 de abril de 2024.
Cada conferencia incluye preguntas para la reflexión.
Esperamos que disfruten de estas presentaciones sobre la vida de Teresa experimentando la misericordia y la gracia, el «Caminito» de Teresa, y Teresa y la Iglesia, y que se sientan atraídos a reflexionar sobre ellas en su propia vida.
Conferencia 1: Itinerario de Santa Teresa de Lisieux como Identificación Con Cristo: La Misericordia en La Fragilidad y el Primado de la Gracia
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Conferencia 2: El “caminito”: una espiritualidad de lo cotidiano
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Conferencia 3: “En el Corazón de la Iglesia” (ms B 3v): Horizonte Apostólico de Santa Teresa de Lisieux
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Para leer más sobre la vida de Santa Teresa de Lisieux, Virgen y Doctora de la Iglesia
3ª Conferencia: “En el Corazón de la Iglesia”
“En el Corazón de la Iglesia” (ms B 3v):
Horizonte Apostólico de Santa Teresa de Lisieux
Tercer encuentro de formación permanente de la Familia Carmelitana de Europa
20 de abril de 2024
Giampiero Molinari, O. Carm.
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Mons. Combes, uno de los pioneros en el estudio sobre la doctrina de Teresa de Lisieux, ha definido la vocación de la santa como esencialmente apostólica y, más exactamente, como misionera[1]. En efecto, su espiritualidad decididamente cristocéntrica la conduce a la apertura hacia la Iglesia considerada como el cuerpo místico de Cristo y a anhelar la salvación de todos sus componentes. Es muy significativo lo que escribe al seminarista Bellière, su primo y “hermano espiritual”:
Ya lo sabe, una carmelita que no fuese apóstol se alejaría de la finalidad de su vocación y dejaría de ser hija de la Seráfica Santa Teresa, la cual deseaba dar mil veces la vida para salvar una sola alma (LT 198, del 21 de octubre de 1896)[2].
Por lo demás, creo que sería suficiente releer las célebres páginas del Manuscrito B donde la santa manifiesta toda la serie de vocaciones que percibe en lo hondo de su corazón (cf. Ms B 2v-3r)[3] para comprender del todo su ardor apostólico. En estas páginas Teresa es como un “río en crecida”:
Quisiera recorrer la tierra, predicar tu nombre –escribe dirigiéndose a Jesús- […] una sola misión no me bastaría: quisiera anunciar a un mismo tiempo el evangelio en las cinco partes del mundo e incluso en las islas más lejanas… (Ms B 3r).
En esta reflexión intentaré, pues, indicar de manera sintética algunos momentos de la vida y experiencia espiritual de Teresa que la hicieron madurar y que contribuyeron a que la unión nupcial con el Maestro acabase en ansia evangelizadora. El Papa Francisco, en la Exhortación C’est la confiance, además de recordar su proclamación como patrona de las misiones, presenta a la carmelita de Lisieux con el interesante título de maestra de evangelización (cf.n.9) ofreciéndonos al mismo tiempo una buena clave de lectura:
Teresa […] no concebía su consagración a Dios sin la búsqueda del bien de los hermanos. Ella compartía el amor misericordioso del Padre hacia el hijo pecador y el del Buen Pastor hacia las ovejas perdidas, alejadas, heridas (n.9).
“Me sentía devorada por la sed de almas”:
la “Gracia de Navidad” del año 1886 y la experiencia de julio del año 1887
En el centro del Manuscrito A encontramos la narración de dos acontecimientos de la vida y experiencia espiritual de Teresa: la llamada “Gracia de Navidad” del año 1886 y la participación en el misterio de la Redención, vivida un domingo del mes de julio de 1887 (cf. Ms A 44v-46v). Ya hemos indicado que ésta fue una etapa central para la madurez de la santa, ya que marca el inicio de un proceso de liberación del infantilismo para crecer como mujer y como madre[4]. El teólogo Robert Cheib resume estas páginas tan fundamentales del Manuscrito A definiéndolas como «un paso pascual del repliegue sobre sí a la pro-existencia»[5], o sea, a donarse a los demás. Las palabras de Teresa al acabar la narración de la “Gracia de Navidad” no dejan al respecto lugar a dudas:
[Jesús] Hizo de mí un pescador de almas; sentí un deseo grande de trabajar para la conversión de los pecadores, un deseo que nunca había sentido tan vivamente. En una palabra, sentí que la caridad me entraba en el corazón (Ms A 45v).
Inmediatamente después de estas líneas, la santa continúa narrando la experiencia producida tras la mirada de fe dirigida a la estampa del Crucifijo que tenía en su misalito (cf. Ms A 45v-46v): quedó impresionada por la sangre que cae de una de sus manos y por el hecho de que nadie se apresurase a recogerla. Por eso –escribe-
decidí mantenerme a los pies de la Cruz para recibir el rocío Divino que brotaba, y comprendí que habría de esparcirla después sobre las almas… También el grito de Jesús desde la cruz me resonaba sin cesar en el corazón: «¡Tengo sed!». Estas palabras encendían en mí un ardor desconocido y vivísimo. Quería dar de beber a mi Amado y yo misma me sentía devorada por la sed de las almas (Ms A 45v. Grassetto mio. Las palabras en cursiva corresponden al subrayado efectuado por la misma Teresa)[6].
Como se sabe, teniendo como fondo este contexto, Teresa se lanzó a escribir la crónica de aquellos días narrando la conversión de Pranzini, que de ser un “gran criminal” pasó a ser su “primer hijo” (cf. Ms A 45v e 46v). En todo esto, la santa ve la confirmación de su propia vocación:
después de aquella gracia singular, mi deseo de salvar almas crecía cada día más. Me parecía oír a Jesús que me decía como a la samaritana: «¡Dame de beber!». Era un verdadero intercambio de amor: yo daba a las almas la sangre de Jesús, y a Jesús le ofrecía estas mismas almas refrescadas por su rocío Divino (Ms A 46v).
A mi parecer este conocido pasaje es central, ya que muestra la íntima unión entre el vínculo matrimonial y maternal del corazón de Teresa, entre la dimensión cristológica de su espiritualidad y el horizonte eclesial: la profunda comunión con Jesús en los misterios de la Encarnación y de la Pasión dilatan su corazón y lo abren hacia la Iglesia.
Esta dinámica será una constante durante toda la breve vida de Teresa. Me limito a algún ejemplo. En la oración que compuso para el día de la Profesión religiosa (8 de septiembre del 1890), alejándose de la opinión común de aquel tiempo según la cual se daba como segura la condenación de muchas almas, escribe:
Jesús, haz que yo salve muchas almas: que hoy no se condene ni una sola y que se salven todas las almas del purgatorio… Perdóname, Jesús, si digo cosas que no hay que decir: sólo deseo alegrarte y consolarte (Pr 2)[7].
En la carta del 26 de diciembre de 1896, dirigiéndose al seminarista Bellière, afirma:
Trabajemos juntos por las almas. Sólo tenemos un único día de esta vida para salvarlas y ofrecer así al Señor las pruebas de nuestro amor (LT 213).
Esta maternidad espiritual de Teresa se manifiesta de modo particular en la correspondencia con su hermana Celina y con los dos “hermanos misioneros”, donde alcanza el sentido de un deseo que no podrá extinguir ni siquiera la muerte. Escribe a Bellière:
le prometo que allí Arriba también estará su pequeña hermana. Nuestra unión, en vez de romperse, será entonces más íntima: ya no habrá clausura, no habrá ya rejas y mi alma podrá volar con usted a las misiones lejanas. Nuestras funciones seguirán siendo las mismas: para usted las armas apostólicas, para mí la oración y el amor (LT 220, del 24 de febrero del 1897. Grassetto mio)[8]..
Dice al Padre Roulland:
Ah, hermano mío, lo siento, le seré mucho más útil en el Cielo que en la tierra […] Espero no estar inactiva en el Cielo: mi deseo es trabajar aún entonces por la Iglesia y por las almas (LT 254, del 14 julio de 1897).
“Quiero ser hija de la Iglesia” (Ms C 33v):
la peregrinación a Roma del año 1887 y la oración por los sacerdotes
Como sabemos, el mes de diciembre de 1887 Teresa participó en una peregrinación a Roma con motivo del jubileo sacerdotal de León XIII. Esto constituirá para la santa una segunda etapa en su itinerario de madurez, que le procurará una ulterior dilatación del corazón. Así lo indica la expresión que eligió para introducir el relato: «En Italia entendí mi vocación» (Ms A 56r). En el Manuscrito A leemos:
Viví durante un mes con muchos santos sacerdotes y entendí que, si su sublime misión los eleva sobre los ángeles, esto no quita que sean hombres débiles y frágiles. Si los sacerdotes santos, que Jesús llama en su evangelio «la sal de la tierra» muestran en su comportamiento que tienen gran necesidad de oraciones, ¿qué decir de aquellos que son tibios? (Ms A 56r).
La conclusión a la que llega Teresa es obvia: la vocación del Carmelo es «conservar la sal destinada a las almas» (Ms A 56r), o sea, acompañar con la oración y con el ofrecimiento de la propia vida claustral a los presbíteros «mientras ellos evangelizan las almas con las palabras y sobre todo con el ejemplo» (Ms A 56r). En la conclusión de esta pensamiento aparece hasta qué punto siente Teresa esta vocación: «He de parar, si continuase hablando de este tema no acabaría nunca» (Ms A 56v).
En efecto, la oración por los sacerdotes será una constante en la vida de la santa, empezando por la respuesta dada en el escrutinio canónico que precedió a la profesión: «He venido para salvar almas y sobre todo para orar por los sacerdotes» (Ms A 69v). Este tema se repite con cierta frecuencia en la correspondencia con su hermana Celina[9] y también aparece en el último tramo de su vida. Así lo dice en las últimas páginas del Manuscrito C (redactado en el mes junio de 1897) al hablar de los dos “hermanos misioneros”:
con la gracia del Buen Dios, espero ser útil a más de dos misioneros, no podría olvidar rezar por todos, sin dejar de lado a los sacerdotes sencillos cuya misión tal vez es tan difícil de realizar como la de los apóstoles que predican a los infieles. En fin, quiero ser hija de la Iglesia (Ms C 33v).
En cuanto a estos dos misioner4os confiados a su solicitud espiritual, Teresa no se limita sólo a la oración, sino que los acompaña adoctrinándolos sobre la maternidad y la fraternidad, ejerciendo una especie de ministerio de la consolación al animarlos a avanzar por el surco del “caminito”. Pocos meses antes de su muerte escribe al seminarista Bellière:
[Jesús] permite que todavía pueda escribir para mirar de consolarlo y sin duda ésta no es la última vez. […] Cuando llegue al puerto le enseñaré, querido pequeño hermano de mi alma, cómo habrá de navegar en el tempestuoso mar del mundo con la confianza y el amor de un niño que sabe que su Padre lo ama tiernamente y no sabría dejarlo solo en la hora del peligro. Ah, como quisiera hacerle comprender la ternura del Corazón de Jesús {…], Se lo ruego, querido hermano mío, procure […] convencerse de que en vez de perderme me encontrará y que yo no lo abandonaré jamás (LT 258, del 18 de julio del 1897).
“Atráeme, correremos tras el olor de tus perfumes” (Ms C 34r):
el “testamento misionero” de Teresa
En las últimas páginas del Manuscrito C encontramos un pasaje que se revela de gran importancia para el tema sobre el que estamos reflexionando. Teresa comenta un versículo del Cantar de los Cantares, que obviamente lee en la versión de la Vulgata: “Atráeme, correremos tras el olor de tus perfumes” (Ct 1,4)[10], y descubre en este breve texto un medio para llevar a cabo su misión (cf. Ms C 33r). Esta es su reflexión:
Oh Jesús, entonces no es ni siquiera necesario decir: Al atraerme a mí, atrae a las almas que amo. Basta esta sencilla palabra «Atráeme». Lo entiendo, Señor, cuando un alma se deja cautivar por el olor embriagador de tus perfumes, no podría correr sola, todas las almas que ama son arrastradas detrás de él; esto sucede sin obligarse, sin esfuerzo, es la consecuencia natural de su atracción hacia ti (Ms C 34r).
En la Exhortación C’est la confiance el Papa Francisco define esta página como una especie de “testamento misionero” que deja entrever un tema que le es muy querido: la evangelización por atracción, no por proselitismo (n. 10). En efecto, también en este pasaje aparece con facilidad el ligamen entre la dimensión cristológica y el horizonte eclesial que caracteriza la experiencia espiritual de Teresa: vivir con profundidad su vocación nupcial en el silencio de la soledad del Carmelo le permite experimentar una fecunda maternidad espiritual[11].
Mirándolo bien, la reflexión sobre este versículo del Cantar de los Cantares no es sino la cara apostólica del Ofrecimiento al Amor Misericordioso. De hecho, también en este caso habla la santa de zambullirse en el “océano sin orillas” del amor de Dios (Ms C 34r) y escoge el símbolo del fuego, signo del Espíritu Santo:
Siento que cuanto más inflame mi corazón el fuego del amor, cuanto más le diga Atráeme, tanto más las almas que se acercarán a mi […] correrán con rapidez detrás del aroma de los perfumes de su Amado (Ms C 36r).
Acaba la reflexión con una especie der “corolario”: «el alma inflamada de amor no puede permanecer inactiva» (Ms C 36r).
Para acabar:
Valor apostólico der la oración
Lógicamente, Teresa vive el amor por la Iglesia y por la misión en conformidad con su propia vocación claustral. Creo, sin embargo, que su testimonio recuerda a todos el valor apostólico de la oración y del ofrecimiento de la propia cruz. En la vida hay momentos en los que se puede permanecer sirviendo a la Iglesia estando en el monte como Moisés (cf. Es 17,8-13). La santa lo recuerda en una carta a Celina, poniendo en boca de Jesús su propia convicción:
Vosotros sois mi Moisés orando sobre el monte, pedidme operarios y yo los enviaré; no espero nada más que una oración, un suspiro de vuestro corazón. (LT 135, del 15 agosto 1892)[12].
Como discípula de San Juan de la Cruz, Teresa ha entendido perfectamente que se puede ser más útil a la Iglesia con algunos momentos de oración pura que con muchas actividades separadas de esta fuente[13]. La fuerza de la oración, efectivamente, está en ser dóciles a la acción transformante del Espíritu Santo, en «santificarnos, en hacernos luminosos, en encender en nosotros el fuego de la Caridad de Cristo, y esta es la raíz del dinamismo misionero de la Iglesia»[14].
[1] Cf. M. HerrÁiz, Apostolado, en Nuevo Diccionario de Santa Teresa de Lisieux, Editorial Monte Carmelo, Burgos 20032, 87.
[2] Cito los escritos de la santa sirviéndome de la siguiente edición: S. Teresa di Gesù Bambino e del Volto Santo, Opere complete. Scritti e Ultime Parole, LEV–OCD, Città del Vaticano-Roma 1997. Utilizo las abreviaciones habituales: Ms. A, B, C: Manoscritti autobiografici A, B, C; LT: Lettere; P: Poesie; Pr: Preghiere; QG: Quaderno Giallo di Madre Agnese (donde se recogen los llamados “Últimos Coloquios”, o frases de Teresa anotadas por la Madre Agnese en su libreta).
En la Poesía A Nuestra Señora de las Victorias Reina de las Vírgenes, de los Apóstoles y de los Mártires, compuesta unos meses antes, Teresa expresaba ya esta convicción: «Ayudando a salvar un alma / mil veces querría morir» (P 35, str. 4, del 16 de julio de 1896).
[3] Cf. R. J. S. Centelles, «En el corazón de la Iglesia, mi madre, yo seré el Amor». Jesús y la Iglesia como misterio de amor en Teresa de Lisieux, Editrice Pontificia Università Gregoriana, Roma 2003, 203-206.
[4] Cf. R. Cheib, L’ermeneutica agapica e nuziale della notte di Thérèse di Lisieux, en Teresianum 73 (2022/2), 539.
[5] Ibidem, 540.
[6] Durante el tiempo pasado en la enfermería Teresa volverá sobre la “Gracia del Crucifijo”. Estas son sus palabras, anotadas por la Madre Agnese en el Cuaderno Amarillo el 1 de agosto de 1897: «Oh! No quiero dejar que se pierda esta preciosa sangre. Pasaré mi vida recogiéndola para las almas» (QG 1.8.1. Grassetto mio).
[7] Deseo que ya mostró el día de su vestición: «Oh, yo no quiero que Jesús tenga la más pequeña pena el día de mi noviazgo: quisiera convertir a todos los pecadores de la tierra y salvar todas las almas del purgatorio (LT 74, del 6 de enero de 1889).
[8] Imitando a Santa Teresa de Jesús, la carmelita di Lisieux expresa el mismo deseo al Padre Roulland en su carta escrita un mes después: cf. LT 221, del 19 marzo 1897.
[9] Cf. Por ejemplo LT 94, del 14 de julio del 1889; LT 101, del 31de diciembre del 1889; LT 108, del 18 de julio del 1890; LT 122, del 14 de octubre del 1890.
[10] La actual traducción de CEI suena así: “Llévame contigo, corramos” (Ct 1,4).
[11] Cf. R. Cheib, L’ermeneutica agapica, 541.
[12] La santa retomará esta comparación en una carta al Padre Roulland: «Como Josué, usted combate en la llanura. Yo soy su pequeño Moisés y mi corazón está dirigido incesantemente hacia el Cielo para obtener la victoria» (LT 201, del 1 de noviembre del 1896).
[13] Cf. R. Fornara, Pregare. L’amicizia che trasforma. Introduzione pratica con la guida di santa Teresa di Gesù, Edizioni OCD, Roma 2023, 181. San Juan de la Cruz afronta este tema en el Cántico espiritual 29,2-3, dejando ver la importancia eclesial del amor contemplativo.
[14] R. Fornara, Pregare. L’amicizia che trasforma, 182.
Segunda Conferencia: El “caminito”
El “caminito”: una espiritualidad de lo cotidiano
Segundo encuentro de formación permanente de la Familia Carmelitana de Europa
24 de febrero de 2024
Giampiero Molinari, O. Carm.
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Preguntas de reflexión - Santa Teresa de Lisieux
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“Es la confianza y nada más que la confianza lo que nos ha de conducir al Amor” (LT 197)[1]: me parece significativo que el íncipit de la Exhortación apostólica publicada con ocasión del 150 aniversario del nacimiento de Teresa se tome de la carta del 17 de septiembre3 de 1896 a sor María del Sagrado Corazón y que el Papa Francisco haga este comentario: “Estas palabras (…) lo dicen todo, sintetizan el carácter genuino de su espiritualidad y serían suficientes para justificar el hecho de que sea declarada Doctora de la Iglesia (n. 2)
De hecho, esta carta es el complemento del Manuscrito B (redactado en el mes de septiembre de 1896 y reconocido como una joya de la literatura espiritual[2]), y podemos considerarlo el “manifiesto” del “caminito”, o sea, aquel sendero de santidad que Teresa intuyó y vivió en primera persona y propuesto después a sus hermanas, a los dos hermanos misioneros y a cuantos se acercan a sus escritos.
Descubrimiento del “caminito”
Como sabemos, la santa explica el descubrimiento del “caminito” en las primeras páginas del Manuscrito C (cf. Ms C 2v-3r). Con bastante seguridad, esto pudo haber sucedido poco después del 14 de septiembre de 1894[3]; de hecho, en esta fecha ingresó en el monasterio su hermana Celina, que llevó consigo un cuaderno en el que había copiado algunos pasajes del Antiguo Testamento, entre los cuales estaba Pr 9,4 e Is 66,12-13. Estos dos textos constituirán la base bíblica de la intuición y posterior formulación de “una pequeña vía del todo nueva” (Ms C 2v), ante la imposibilidad de “subir la ardua escalera de la perfección” (Ms C 3r). De hecho, la joven carmelita es consciente de su propia fragilidad hasta el punto de considerarse un “granito de arena, oscuro, pisoteado por los pies de los transeúntes” (Ms C 2v). Sin embargo, su deseo de santidad no disminuye: por eso ha de encontrar un camino conforme a sus reales posibilidades, una especie de “ascensor”.
En este contexto de búsqueda Teresa se encuentra con los textos arriba citados, que lee en la traducción del latín de la Vulgata: “Si alguno es muy pequeño, que venga a mí” (Pr 9,4). Adviértase que, en el manuscrito, la misma santa subraya la expresión “muy pequeño”: señal de que aquel versículo se le muestra, en su apuro particular como Palabra de Dios para ella. Podemos intuirlo en lo que escribe: “había encontrado lo que buscaba” (Ms C 3r).
Continuando su profundización, se inmerge en Is 66, 13, 12: “Como una madre acaricia a su hijo, así os consolaré yo: os llevaré en brazos y os haré recostar sobre mis rodillas”. Aquí recibe la iluminación clave:
“¡Jamás palabras tan tiernas y melodiosas como estas han alegrado mi alma unas! ¡El ascensor que ha de elevarme hasta el Cielo son tus brazos, oh Jesús! Por eso, no tengo necesidad de crecer, sino al contrario, es necesario que yo permanezca pequeña, que lo sea cada vez más (Ms C 3r).
La alegría de Teresa se basa en esta “comprobación” bíblica sobre el rostro misericordioso de Dios, que es Padre y Madre, y que nos toma en sus brazos. Ante estos versículos, la santa expresa toda su admiración llena de gratitud: “¡Ante tal lenguaje no cabe sino callar y llorar de agradecimiento y de amor!...” (Ms B 1r), escribe en el Manuscrito B. Es de la contemplación de esta paternidad/maternidad de Dios de donde nace la confianza, que es el eje del “caminito”, presentado a su hermana Sor María del Sagrado Corazón justamente como “el abandono del niño que se duerme sin temor en los brazos de su Padre” (Ms B 1r). En consecuencia, a nadie le queda cerrado el camino de la santidad:
¡Si todas las almas débiles e imperfectas sintiesen lo que siente la más pequeña de todas las almas, el alma de su pequeña Teresa, ni una sola de ellas desconfiaría de llegar a la cima de la montaña del amor! (Ms B 1v).
“Permanecer pequeño” y serlo “cada vez más” quiere decir exactamente esto: reconocer la propia fragilidad como criatura, aceptarla y ponerse confiadamente en los brazos misericordiosos de Dios[4]. Al P. Roulland le escribió lo siguiente:
Mi camino es un camino de confianza total y de amor […], tomo la Sagrada Escritura[5]. Entonces todo me parece luminoso: una sola palabra revela a mi alma horizontes infinitos: la perfección se me presenta fácil; veo que basta con reconocer la propia nada y abandonarse como un niño en los brazos del buen Dios (LT 226, del 9 de mayo de 1897. Grassetto mio).
Nos hallamos en el ámbito de la primacía de la gracia, en el que nos detuvimos en el anterior encuentro[6]. En la Exhortación apostólica, el Papa Francisco lo remarca con claridad: “Ante la idea pelagiana de la santidad (…) Teresita subraya siempre la primacía de la acción de Dios, de su gracia” (n. 17). Se trata de “situar la confianza del corazón fuera de nosotros mismos: en la infinita misericordia de un Dios que ama sin límites y que en la cruz de Jesús lo ha dado todo” (n. 20).
El “caminito” como valoración de lo cotidiano
Para describir el “caminito” Teresa se sirve, en el Manuscrito B, del símil del niño que, con el fin de mostrar su amor, no sabe hacer otra cosa que “arrojar flores”.
El niño pequeño arrojará flores, impregnará con su perfume el trono real, cantará con su voz de plata el cántico del Amor! (Ms B 4r).
Este símbolo no tiene nada de romántico, puesto que concretamente significa:
¡No dejar escapar ningún pequeño sacrificio, ninguna mirada, ninguna palabra, recurrir a las cosas más pequeñas y hacerlas por amor! Ms B 4rv).
Este pasaje lo encuentro fundamental ya que, a mi parecer, nos ofrece la perspectiva exacta para comprender la esencia del “caminito”: la valoración de lo cotidiano como el espacio principal de la santificación. Se trata efectivamente de ofrecer las alegrías y las penas con generosa fidelidad a los deberes del propio estado, de cumplir con gran corazón cualquier acción, incluso las que en apariencia son banales y monótonas, las que impregnan la vida de cada día. En el fondo, lo que Teresa nos propone no es otra cosa sino la santidad de lo cotidiano o “de la puerta de al lado”, usando el símbolo elegido por el Papa Francisco en la Exhortación apostólica Gaudete et exultate sobre la santidad en el mundo contemporáneo (nn. 6-9). Para el tema que tratamos remito particularmente al punto 7:
Me gusta ver la santidad en el pueblo de Dios que sufre: en los padres que con tanto amor hacen crecer a sus hijos, en los hombres y mujeres que trabajan por llevar el pan a casa, en los enfermos, en las piadosas ancianas que siguen sonriendo. En esta perseverancia de ir adelante día tras día veo la santidad de la Iglesia militante (…), la clase media de la santidad (n. 7).
La valoración de lo cotidiano se deja ver ya en una carta del 1893 a Celina. Copio un trozo:
Cuando no siento nada, cuando soy INCAPAZ de rezar, de practicar la virtud: entonces es el momento de buscar pequeñas ocasiones, cosas que no son nada y que gustan […] a Jesús […]: por ejemplo, una sonrisa, una palabra amable cuando habría deseado no decir nada o adoptar un aire esquivo, etc., etc. […]. No siempre soy fiel, pero nunca me desanimo, me abandono en los brazos de Jesús (LT 143. Grassetto mio).
Bien mirado, este es el estilo que más tarde seguirá y aconsejará a los demás Tito Brandsma, cuando todavía era novicio: “La perfección tiene mucho que ver con los trabajos de cada día, incluso los menos importantes. Es muy simple. Sigue a nuestro Señor como un niño. Yo voy dando saltos detrás de Él lo mejor que puedo. He puesto en Él mi confianza y me desentiendo de toda preocupación[7].
El “caminito”:
¿Una espiritualidad de bajo perfil?
La lectura superficial de algunos pasajes podría llevar a pensar que el “caminito” podría ser, en el fondo, una espiritualidad de bajo perfil. Pero si reflexionamos con calma, advertimos que vivir los valores de la confianza, del abandono y de la fidelidad en lo cotidiano va más allá de lo evidente. Según mi parecer, se trata más bien de la elección consciente de la puerta estrecha de la que habla el Evangelio (cf. Mt 7,13-14). Las páginas del Manuscrito C, donde la santa reflexiona sobre la caridad como amor fraterno concreto, son un elocuente testimonio.
En segundo lugar, la confianza reclama un acto de fe, por cuanto –como señala acertadamente el teólogo Robert Cheaib- “el otro permanece como otro, distinto de nuestras proyecciones sobre él. Con mayor razón el Otro que es Dios”[8]. Teresa misma supo algo al respecto, desde el momento que, a partir de la Pascua del 1896, vivió la “prueba contra la fe y la esperanza” (cf. Ms C 4v-7v): su corazón queda cubierto por las “más espesas tinieblas” (cf. Ms C 5v) y el pensamiento de la Patria celestial queda sustituido por la “noche de la nada” (cf. Ms C 6v), “un muro que se eleva hasta el cielo y cubre el estrellado firmamento” (Ms C 7v). Paradoxalmente este tiempo de prueba vuelve más fuerte la confianza de Teresa[9]: “Creo que de un año hacia acá he hecho más actos de fe que durante toda mi vida” (Ms C 7r), escribe en el Manuscrito C, haciendo notar que desde que el Señor
permitió que yo sufriera tentaciones contra la fe, ha crecido mucho en mi corazón el espíritu de fe (Ms C 11r. Grassetto mio).
En las últimas páginas del Manuscrito C, hablando directamente a Jesús, la santa sigue cantando su misericordia en estos términos:
Tu amor me alcanzó desde la infancia, ha crecido conmigo, y ahora es un abismo cuya profundidad no consigo sondear. (Ms C 35r. Grassetto mio).
Son expresiones que sorprenden si se considera que salen de labios de una joven de veinticuatro años gravemente enferma de tuberculosis, que experimenta la esencia de la consolación sensible de Dios.
La madurez que dejan ver estas palabras creo que es la mayor manifestación de la seriedad y de la profundidad del camino espiritual que Teresa recorrió y que propuso después: una confianza total que brota de la seguridad de estar en las manos de Dios en todo momento, y que se convierte en docilidad a la acción transformante de su Amor Misericordioso. La santa habla de ello con claridad en la carta a Sor María del Sagrado Corazón ya citada:
Cuanto más débil es uno, sin anhelos ni virtudes, más dispuesto se halla para la acción de este Amor que consume y transforma. […] Amemos nuestra pequeñez, prefiramos no sentir nada! Entonces seremos pobres de espíritu y Jesús […] nos transformará en llamas de amor! (LT 197. Grassetto mio).
Nos hallamos en el corazón del “caminito” y del Ofrecimiento al Amor Misericordioso:
Mi pobreza misma me da la audacia de ofrecerme como víctima a tu Amor, oh Jesús, […] para que el Amor sea plenamente satisfecho es necesario humillarse, achicarse hasta la nada y que convierta esta nada en fuego (Ms B 3v).
A modo de conclusión:
tres prototipos bíblicos del “caminito”
Para diseñar el “caminito” como valoración de lo cotidiano Teresa recurre principalmente a la Virgen María presentándola como aquella que practicó las “virtudes más humildes” (P. 54,6). A la luz del Evangelio y alejándose de la predicación de su tiempo (y anticipándose, de algún modo, al Concilio Vaticano II), la santa queda fascinada de la vida ordinaria de la Virgen y la contempla como la primera que ha recorrido la “vía común”. Así lo leemos en la estrofa 17 del poema Por qué te amo, María (mayo del 1897):
Sé que en Nazaret, Madre llena de gracia, / tú eras pobre y nada ansiabas: / ni milagros, ni éxtasis o arrebatos / te adornan la vida, Reina de los Santos. / En la tierra es grande el número de los pequeños / que pueden mirarte sin temblar. / La vía común, Madre incomparable, / tú quieres recorrerla y guiarlos al Cielo (P 54,17).
En el penúltimo folio del Manuscrito C Teresa resume, en cierta medida, el contenido del “caminito” sirviéndose de dos personajes bíblicos: el publicano en el templo (cf. Lc 18,13) y la pecadora perdonada, que –según se creía en aquel tiempo- se identificaba con la Magdalena (cf. Lc. 7,36-38). Escribe así:
No es al primer lugar sino al último al que me avanzo. En vez de adelantarme con el fariseo, repito llena de confianza la oración humilde del publicano, pero sobre todo imito el comportamiento de la Magdalena, su audacia fascinante, o mejor, amorosa que fascinó el corazón de Jesús, seduce el mío (Ms C 36v. Grassetto mio)[10].
He aquí la esencia del “caminito”: la confianza, aceptando la propia vulnerabilidad, y el amor. Con estas dos palabras acaba el Manuscrito C, que quedó incompleto, pero providencialmente podemos leerlo como síntesis de toda la vida de Santa Teresa del Niño Jesús y de la Santa Faz.
[1] Cito los escritos de la santa sirviéndome de la seguiedngtee edición: S. Teresa di Gesù Bambino e del Volto Santo, Opere complete. Scritti e Ultime Parole, LEV–OCD, Città del Vaticano-Roma 1997. Uso las habituales abreviaciones: Ms B, C: Manuscritos autobiográficos B, C; LT: Lettere; P: Poesie.
[2] Cf. Idem, «A mani vuote», 61. Il messaggio di Teresa di Lisieux, Queriniana, Brescia19975, 78.
[3] Cf. IDEM, Teresa di Lisieux. Dinamica della fifucia. Genesi e struttura della «via dell’infanzia s`pirituasle». San Paolo, Cinisello Baldsamo 1996, 75-80.
[4] Cf. IDEM, «A mani vuote», 61.
[5] En contraposición a “ciertos tratados espirituales, en los que la perfección es presentada a través de miles obstáculos» (LT 226) y que acaban secando el corazón de Teresa y cansando su mente.
[6] Como hacíamos notar en aquella ocasión, Teresa resume todo esto en este espléndido pasaje del Manuscrito A: «no pongo la con fianza en mis méritos, puesto que no tengo ninguno, sino que confío en Aquel que es la Virtud, la Santidad Misma: Sólo Él es el que, compadeciéndose de mis débiles esfuerzos, me elevará hasta Él y, cubriéndome con sus méritos infinitos, me hará Santa» (Ms A 32r).
[7] Citato in S. SCAPÌN-B. SECONDIN, Tito Brandsma, Maestro di umanità, martire della libertà, Edizioni Paoline, Milano 1990, 23.
[8] R. CHEAIB, L’ermeneutica agapica e nuziale della notte di Thérèse di Lisieux in Teresianum 73 (2022/2), 554.
[9] Ibidem, 546.
[10] Teresa retoma la figura de la Magdalena en su carta al seminarista Bellière, del 21 de junio de 1897 (el mismo mes en el que se redactó el Manuscrito C): «Cuando veo a Magdalena avanzar entre los numerosos convidados y regar con sus lágrimas los pies de su adorado Maestro, que ella toca por primera vez, pienso que su corazón ha comprendido los abismos de amor y de misericordia del Corazón de Jesús y que, por más pecadora que sea, este Corazón de amor no sólo está dispuesto a perdonarla, sino también a prodigarle los beneficios de su intimidad divina, a elevarla hasta las más altas cimas de la contemplación» (LT 247).




















