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Displaying items by tag: Celebrating At Home

Compañeros con Cristo
(Marcos 1:14-20)

El Evangelio de hoy comienza con la llamada fundamental del ministerio de Jesús: el Reino de Dios está cerca, convertíos y creed en la Buena Noticia. Inmediatamente, sigue el llamado a los discípulos. Este Evangelio tiene como fundamento las lecturas del domingo pasado sobre la vocación, específicamente, cómo el seguimiento de Cristo conduce a la transformación y la proclamación de la Buena Nueva.

El arrepentimiento, en este texto, no consiste en alejarse de la condición de pecadores, sino de dejar atrás un estilo de vida conocido, cambiando totalmente para emprender un nuevo rumbo como discípulos de Cristo.

Eso lo vemos en la llamada a unos pescadores - llamados a dejar todo lo que saben e incluso su familia para seguir un nuevo camino, siguiendo a Cristo.

El hecho que Jesús llamó (y todavía llama) a los discípulos no tiene que ver con la conformación de un rebaño de ‘seguidores ciegos’, sino un pueblo que vive y trabaja activamente con Cristo para establecer el Reino y predicar la Buena Noticia. Al convertirse en ‘pescadores de hombres’, ellos atraen a otros al círculo de la vida de Dios.

Por medio del anuncio al inicio del ministerio de Jesús y la historia de la llamada de los cuatro primeros discípulos, el Evangelio nos invita a reflexionar sobre nuestra propia vocación, nuestra propia llamada, como seguidores de Jesús y lo que debe ser necesario dejar atrás para entrar profundamente en el misterio del Reino de Dios y cómo podemos trabajar en la sociedad con el Espíritu de Jesús para hacer del Reino una realidad viva en el mundo.

Téngase en cuenta que el Reino no existe aparte de los seres humanos: debe encarnarse (hacerse carne) en el nuevo pueblo de Dios, los discípulos de Cristo.

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Llamados a ser Evangelio viviente
(Juan 1:35-42)

Este domingo se podría llamar el ‘Domingo de las Vocaciones’. Tanto la Primera Lectura como el Evangelio son historias de una llamada y de una respuesta.

El texto que leemos en la Primera Lectura describe como fue la ‘llamada de Samuel’. Tres veces escucha que Dios lo llama, pero piensa que es Elí (un sacerdote del templo) y corre adonde estaba él.

Finalmente, Elí comprendió que era Dios quien llamaba a Samuel y le dice si te llama de nuevo di: ‘Habla, Señor, que tu siervo escucha’.

La lectura concluye con la idea que Dios estaba con (habitó con) Samuel y que Samuel habló en el nombre de Dios.

Al unir esta lectura con el Evangelio es difícil escapar a la idea que este domingo es dedicado a las vocaciones para todos los discípulos. Así como Dios llama a Samuel y Elí le señala el camino, Jesús llama a Andrés y al otro discípulo, y Juan el Bautista les señala el camino. Andrés responde (lo sigue), va a ver dónde vivía y se queda con Jesús. Al día siguiente, llama a Pedro y ambos van a ver y a vivir con Jesús.

El encuentro de Andrés con Jesús lo transforma en un seguidor y en un evangelizador. El encuentro de Pedro con Jesús (que vino a ver a Jesús) lo transforma en la ‘roca’, en el ‘fundamento’ y el ‘pastor’ (en el Evangelio de Juan) del rebaño.

La Iglesia, con estas lecturas, da inicio al Tiempo Ordinario nos invita a reflexionar sobre nuestra vocación, nuestra llamada, para ser discípulos – para venir y ver a Jesús, para permanecer con él y convertirnos en evangelizadores y pastores en nuestra realidad.

Permaneciendo en la compañía de Jesús (habitando con él) podemos ver quiénes son realmente Jesús y Dios, a menudo muy diferentes a las imágenes con las que hemos crecido.

Los cristianos están llamados a una fe ‘madura’ en Jesús, a una relación viva que no dependa de reglas, amenazas y miedos, y que esté motivada solamente por el amor.

Aprendamos a vivir una relación de fidelidad con Jesús.

Con el tiempo, nos convertiremos en la ‘voz’ viva de Cristo con nuestros pensamientos, palabras y acciones.

No es un seguimiento pasivo al que estamos llamados.

No se trata simplemente de poner nuestros pies en las pisadas de Jesús. Se trata de vivir con él, hacer de su hogar el nuestro y nuestro hogar suyo. Se trata de hacer espacio para Él en nuestros corazones y en nuestras vidas, convertirnos en la morada de Dios y la voz de Cristo para ser un evangelio vivo del amor de Dios.

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¡Dios con nosotros!
(Mateo 1:18-25)

Comenzamos el tiempo de Adviento con la aclamación: ‘Ven, Señor Jesús’ y ahora terminamos con el grito de alegría: ‘¡Dios está con nosotros!’

Con la reflexión sobre el nacimiento histórico de Jesús, la Iglesia proclama la verdad que Dios es y siempre ha estado con su pueblo. Y si Dios está con nosotros, entonces Dios es para nosotros. Dios está a nuestro lado.

Dios no desea vivir en casas hechas de madera, piedras u oro. El deseo más grande de Dios es vivir en la realidad humana. Así como Dios se encarnó en la persona de Jesucristo hace mucho tiempo, ahora, Dios lo continúa haciendo en nosotros.

Como María, aceptamos la invitación de Dios, permitiendo que Jesús se encarne también en nosotros, testimoniando por medio de las palabras y las acciones, con obras de bondad y amor que den vida, en vez de muerte al pueblo de Dios.

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Jueves, 21 Diciembre 2023 12:51

Celebrando en Familia - Cuarto Domingo de Adviento

¡Recibir a Dios!
(Lucas 1:26-38)

La gran fiesta de Navidad está próxima. En Adviento, la promesa de la Primera Lectura se cumple en el Evangelio. Comenzamos este tiempo con la aclamación: ‘Ven, Señor Jesús’ y terminaremos con el grito de alegría: “¡Dios está con nosotros!’

En la primera lectura, el rey David desea construir una casa (un templo) para Dios, en cambio, Dios dice que convertirá a David y sus descendientes en una gran casa. No se trata de edificar templos para Dios y construir moradas de madera o de piedras, eso no lo desea Dios. Dios desea edificar una morada en el hombre. Dios edifica su morada en medio del pueblo, en el cual pueda vivir.

En el Evangelio, María acepta la invitación de Dios de convertirse en la morada de Dios, recibiendo a Cristo y Dios se encarna en la realidad humana. A través de ella, Dios pone permanentemente su morada en la humanidad.

Eso es lo que también estamos haciendo: convirtiéndonos en una morada viva para Cristo. El gran regalo de Cristo no debe detenerse en un momento del tiempo. A través de nosotros, el Regalo se hace presente en cada momento de la historia para que Cristo siga tocando, sosteniendo y curando al mundo.

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Viernes, 15 Diciembre 2023 07:45

Celebrando en Familia - Tercer Domingo de Adviento

¡Alégrate! El Señor está cerca
(Juan 1:6-8, 19-28)

Hoy es domingo de Gaudete. El nombre proviene de la primera palabra de la Antífona de entrada en latín, que significa ‘Alégrate’. El texto completo de la antífona es: Estad siempre alegres en el Señor; os lo repito, estad alegres. El Señor está cerca.

Lo que nos regocija es la cercanía de Dios entre nosotros. Reconocemos esa cercanía en la presencia de Jesús, nacido hace tanto tiempo, y su presencia continua por medio del Espíritu Santo en nuestras vidas en este momento. Estamos alegres porque Dios siempre ha estado con nosotros, ya sea que nos demos cuenta o no, Dios nunca nos ha dejado.

El Adviento tiene mucho que ver con un nuevo descubrimiento de la presencia de Dios y de su gracia, en nuestro momento histórico.

Esto es lo que también celebramos en el día de la Navidad. Cristo es el gran regalo de Dios para la familia humana. La Navidad celebra no sólo el nacimiento de Jesús en un momento de la historia humana, sino su constante nacimiento en nosotros para que esté presente en cada momento de la historia humana.

Mientras esperamos la última venida de Jesús, como Juan el Bautista, estamos llamados a ser testigos de la Luz. Lo hacemos mejor asumiendo la misión del profeta, que nos habla la primera lectura, tal como lo hizo Jesús. El Señor nos ha ungido para dar la Buena Nueva a los pobres, para curar los corazones desgarrados, para proclamar la libertad a los cautivos, libertad a los presos y proclamar un año de gracia del Señor. Dios confía en nosotros para realizar todo eso.

Hemos sido llamados por la Iglesia por medio de nuestro bautismo para hacerlo.

Nuestra fe en (esto es, la relación viva con) Cristo debe vivirse abiertamente, generosamente, y amablemente en el servicio de nuestros hermanos y hermanas, siendo en el mundo presencia viva de Jesús.

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Jueves, 07 Diciembre 2023 14:36

Celebrando en Familia - Segundo Domingo de Adviento

¡Preparad el camino!
(Marcos 1:1-8)

El arrepentimiento y el perdón consuelan al pueblo de Dios y preparan el camino para que el Señor venga a nuestros corazones. La primera lectura del profeta Isaías nos narra con entusiasmo la venida de Dios.

Se hacen grandes preparativos para su llegada: los caminos se aplanan, los valles se levantan, se hace camino en el desierto. El alegre mensaje de la venida de Dios se proclama desde las cimas de las montañas y se grita en las calles.

¿Cómo se manifestará este Dios a su pueblo? No como un rey guerrero con una demostración alarmante de poder militar o con rayos en sus manos, sino como un rey pastor: alimentando a su rebaño, abrazando a los corderos con sus brazos, sosteniéndolos en su pecho y llevando a las ovejas que crían a descansar. La venida de Dios libera al pueblo y lo hace mediante la ternura y el perdón.

El Evangelio presenta a Juan el Bautista como aquel que viene a preparar el camino para el Señor ‘predicando un bautismo de conversión para el perdón de los pecados’. Según Marcos, los judíos y la gente de Jerusalén van al encuentro con Juan para recibir el bautismo y para escuchar la proclamación del perdón, un momento de verdadera conversión. Juan proclama que vendrá otro, más poderoso que él, que bautizará, no con agua, sino con el Espíritu Santo.

Nuestras lecturas de Adviento nos ayudan a darnos cuenta del profundo amor de Dios y de su presencia en medio de nosotros por medio del Espíritu Santo. Saber que Dios siempre nos tratará con amor y ternura nos ayuda a convertirnos a él y a confiar en su profunda misericordia.

Nuestro camino de Adviento nos muestra cómo preparar nuestro corazón para descubrir nuevamente la presencia de Dios en nuestras vidas; cómo reconocer la presencia oculta de Jesús entre nosotros y alrededor nuestro, cómo convertirnos y mirar a Dios con fe, esperanza y amor y; cómo ser la presencia de Jesús en este momento histórico.

Los cirios de la Corona de Adviento nos recuerdan la creciente luz y calidez del amor de Dios que se hace visible en Cristo.

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Jueves, 30 Noviembre 2023 09:51

Celebrando en Familia - Primer Domingo de Adviento

¡Estad atentos!
(Marcos 13:33-37)

Nuestro viaje de Adviento comienza hoy. “Las lecturas del Adviento forman un rico mosaico de imágenes centradas en la verdad que Dios ha venido a nosotros.

En Adviento no pretendemos estar esperando que Jesús nazca en un establo. Eso sucedió una vez en la historia y no volverá a pasar. Recordamos ese nacimiento como recordamos nuestro cumpleaños. El Dios que vino a nosotros todavía está entre nosotros.

La invitación del Adviento es tomar conciencia de esta presencia de Jesús resucitado como el Emmanuel - Dios con nosotros.” (Break Open the Word. The Liturgical Commission, Brisbane.)

El Evangelio de esta semana nos llama a ‘¡Velad!’, a estar vigilantes y atentos para no perder el momento en que Dios irrumpe una vez más en la historia de la humanidad. El Dios que vino a nosotros todavía está en nosotros. 

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Ser presencia viva de Dios
(Mateo 25:31-46)

El evangelista Mateo es el único que nos narra el relato del juicio final en el Reino de Dios. Presenta un cuadro de la gloriosa venida del Rey y la asamblea de todos los habitantes de las naciones, que luego los separa en dos grupos: ovejas y cabritos.

Se pronuncia un juicio, no basado en la belleza física, en la riqueza, en el poder, en el estatus ni siquiera en la práctica religiosa.
Lo que determina quiénes heredarán la vida eterna del Reino son las obras de servicio al prójimo necesitado: los hambrientos, los sedientos, los desnudos, los enfermos y los encarcelados.

Quizás sorprende que en la lista no se mencionan los deberes religiosos como la oración, el culto litúrgico, el ayuno, la entrega del diezmo o cualquiera otra práctica religiosa.

Muy probablemente se supone que estas cosas están presentes en las personas reunidas. Pero, la diferencia entre los dos grupos es cómo respondieron las necesidades del prójimo.

Al final de la jornada, el discípulo está llamado a ser presencia viva del Reino de Dios en el mundo y a transformar el sufrimiento del pueblo en alegría mediante obras de amor y bondad. Las cabras agravan las horribles situaciones que padecen los seres humanos por su negligencia, por su desamor.

El discípulo virtuoso es presencia de viva de Jesús en el mundo. Tiene conciencia que Jesús le ha confiado el Reino en sus manos. En el Reino de Jesús, el discípulo no es maestro, sino ‘servidor’ ¿Recuerdas con qué frecuencia hemos escuchado que el primero será el último y el último será primero?

Toda la idea del ‘Reino’ ha sido completamente descrita en la enseñanza de Jesús: solo hay un maestro y todos vosotros sois hermanos… Los discípulos son realmente el reino, tienen el poder del espíritu de Jesús sobre ellos. Pero este poder no debe ejercerse en sentido clásico de ‘tener poder sobre los otros’, sino como verdaderos servidores. El poder del espíritu de Jesús los anima a realizar obras de bondad para los hermanos y hermanas de Jesús que están en condiciones infrahumanas para traerles la salvación y la salud.

Estamos, una vez más, delante una parábola de ‘advertencia’ a los discípulos para que tomen conciencia si están viendo la vida del Reino correctamente. No pretende ser una profecía acerca del último día. Está destinada a que los discípulos consideren cuidadosamente si viven la vida del Reino que se les ha sido confiado.

Los discípulos de Jesús no deben repetir el error de los fariseos justificando la fe en Dios y reduciéndola a la observancia externa.

Los discípulos deben asumir la vida (la gracia) del Reino de Dios en su interior, trabajando generosamente con este don para que la vida de Jesús, que obra en ellos, se desborde en obras de amor y bondad; para que sean uno en corazón y en mente con Cristo (como dice San Pablo). Los discípulos se convierten en Cristo en su momento histórico, viendo, pensando y actuando como lo haría Jesús.

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Hacer crecer el Reino
(Mateo 25:14-30)

Continuando con el tema de la parábola de la semana pasada sobre las mujeres sabias y necias, la parábola de este domingo también se centra en la sabiduría. Los siervos prudentes cumplen con el voto de confianza, que les ha depositado el patrono, al ser productivos con los talentos que se les ha confiado.

Como la esposa perfecta de la primera lectura, ellos son trabajadores en contraposición del tercer siervo que se vale del miedo como excusa para no hacer nada.

Como el domingo pasado, el evangelio de hoy es otra parábola del ‘entretanto’: ¿cómo vivimos el ser discípulos de Cristo mientras esperamos su venida?

El patrono confía su propiedad a sus sirvientes y se marchó. A su regreso, se pone a ajustar las cuentas de lo que han hecho con su propiedad. Elogia a los siervos que han sido trabajadores y productivos.

Cristo nos ha confiado el Reino de Dios. Estamos llamados a trabajar laboriosa y productivamente con el Espíritu para que el Reino, el Reino de la gracia de Dios, sea vivido y experimentado a través de nuestro testimonio, para que los otros también lleguen a creer. Se multiplican los dones del Reino de amor, justicia, misericordia, compasión y perdón. El reino crece.

Tanto la primera lectura como el Evangelio alaban a las personas responsables y audaces, aquellas que son capaces de poner a producir mucho de lo que se les ha dado. En estas lecturas encontramos una imagen de cómo esperar en este ‘tiempo intermedio’ la venida final de, Cristo. El discípulo de Cristo está llamado a velar y esperar, no de manera perezosa o indulgente, sino realizando con entusiasmo la obra del Reino y produciendo sus frutos de justicia, misericordia, paz, esperanza y amor a medida que realizamos nuestras tareas diarias.

Es el ideal de una mayordomía responsable que se proclama en el Evangelio. Se nos ha confiado la vida misma de Dios. ¿Qué estamos haciendo (haremos) con ella?

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Preparados y a la espera
(Mateo 25:1-13)

La sabiduría es el mensaje central de la primera lectura y del Evangelio. En la Biblia, la sabiduría no está separada de Dios, sino que es una personificación femenina de varios atributos de Dios. La primera lectura presenta la sabiduría como una luz que nunca falla. Dios siempre está tomando la iniciativa con nosotros, buscando a los creyentes y revelándose a ellos.

La parábola del Evangelio continúa el tema de la sabiduría. Las diez vírgenes (representan a los discípulos) están esperando la venida del esposo (el regreso de Cristo). Las prudentes trajeron sus lámparas y aceite extra. Las necias solo trajeron sus lámparas. 

Mientras esperan, las lámparas de las necias comienzan a apagarse (su fe y su amor se han enfriado, sus buenas obras se apagan). Las vírgenes prudentes no pueden prestar su fe, amor y buenas obras (el aceite) a los demás. Cada discípulo debe asumir la responsabilidad personal de su fe y su salvación.

El discípulo sabio -cuyo amor, fe y buenas obras no se debilitan- es reconocido por el Señor y ocupa un lugar en el Reino de Dios.

El discípulo debe permanecer alerta, vigilante y preparado para el "día de la salvación", creciendo continuamente en una relación fiel y amorosa con Dios. Esta relación amorosa con Dios da frutos en buenas obras para el prójimo. Eso es lo que significa ser oyentes y cumplidores de la Palabra.

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